EpC Tolerancia en la España de ZP. Represores y acosadores con los pacificos objetores de conciencia y dejan en libertad a los violentos del metro de Barcelona o al que patea a un ciudadano. ¿Usted que piensa?
Andalucía Liberal
(Enviado por: EDUCACION PARA LA CIUDADANIA), 30/10/07, 11:53 h

Me ha desorientado profundamente la noticia en IDEAL sobre la sanción a
un escolar, nada más y nada menos, que por falta contra la convivencia,
ante la ausencia a clase de Educación para la Ciudadanía, porque sus
padres han presentado la objeción de conciencia. [Leer más]
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Domótica
12 dic 2007 | 12:39 AM
Instrucción para la ciudadanía
José Antonio BascuñanaAlgunas de las medidas de la Ley Orgánica de Educación, lejos de ayudar a nuestros jóvenes a escalar puestos en las clasificaciones internacionales, contribuirán a anclar a nuestro país entre los últimos de la tabla en las pruebas objetivas de razonamiento matemático o comprensión lectora. Da la impresión de que, ya de partida, se renuncia a un modelo de formación que busque generaciones técnicamente más cualificadas o económicamente más productivas. Prueba de ello es que en el nuevo marco educativo (que en realidad no es más que un desarrollo de la anterior LOGSE) se hace prevalecer la formación en valores por encima de la preparación técnica y el adoctrinamiento por encima de la instrucción, como magistralmente ha expuesto Rafael Sánchez Ferlosio.
Así, por ejemplo, a partir del próximo año los alumnos obtendrán el título de Enseñanza Secundaria Obligatoria aun cuando suspendan tres asignaturas. Con esta medida, obviamente, no mejorarán los resultados objetivos, pero sí quedarán maquilladas las estadísticas referentes a fracaso escolar. El sorprendente aumento del abandono de los estudios en la etapa obligatoria prueba que las sucesivas rebajas de exigencia no han contribuido mucho a la motivación del alumnado por culminar sus estudios.
En Bachillerato se abre la posibilidad de que el alumno pueda promocionar con cuatro suspensos, matriculándose de algunas asignaturas de segundo en una especie de curso puente que le permitiría (si hubiere disponibilidad horaria, que no la habrá) estar a caballo entre los dos cursos. Surge aquí la duda de si esta medida, propia de los estudios universitarios, es adecuada al nivel de madurez de los adolescentes. Sin embargo, no contentos con la rebaja de contenidos o de rigor y creyendo que todo gran problema se soluciona con una gran subvención, los socialistas andaluces han anunciado ya su peregrina promesa electoral de pagar seiscientos euros a los estudiantes por cada mes que permanezcan en el bachillerato.
Paralela a la dejación de exigencia académica, surge una serie de asignaturas de claro perfil ideológico (Educación para la ciudadanía, Educación ético-cívica, Filosofía y ciudadanía y Ciencias para el mundo contemporáneo) que van dirigidas a fomentar en los jóvenes los valores “correctos” que todo “buen ciudadano” debe practicar. Estas asignaturas no pretenden que los alumnos aprendan unos contenidos o unas destrezas sino que adquieran conciencia crítica, juzguen, asuman principios, debatan,… Se trataría, por decirlo sencillamente, de ir a clase a estudiar menos y a opinar más; a hacerse pocas preguntas y a recibir muchas respuestas.
Tal como se concibe la educación en la nueva ley, el Estado, en vez de transmitir una instrucción aséptica en las ciencias básicas, asumiría la tarea de inculcar la doctrina ideológico-moral idónea en sus ciudadanos, doctrina que hoy por hoy se resume en una especie de catecismo laico de consignas sencillas para problemas complejos como la globalización, la desigualdad o el hambre en el mundo. Los adolescentes, que son curiosos y críticos por naturaleza, están en una edad en la que deben adquirir herramientas intelectuales útiles para su futuro, pero también pueden ser presa fácil de una propaganda que siempre se presentará con la más bienintencionada de las caras. El espíritu crítico que tanto se quiere inculcar en los jóvenes ya se procurará que vaya siempre en la misma dirección.
La última aportación a la política educativa ha venido del ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, el cual propone suprimir las oposiciones a juez de modo que una comisión nombre a los aspirantes más apropiados considerando tan sólo sus expedientes académicos. ¿Para qué valorar en un examen el mérito, el esfuerzo o el dominio de la materia si se puede primar a aquellos que ya traigan asimilados determinados valores, que provengan de determinada facultad o que hayan realizado determinado máster? El ministro dice preferir los candidatos “impregnados de vida” por encima de los que hayan dedicado más tiempo al estudio. ¿Lirismo sentimental del ministro? No, simplemente sabe que los profesionales más preparados son menos controlables