En defensa de la identidad cristiana

Los europeos estábamos acostumbrados a la discusión que de vez en cuando se
planteaba en Francia con relación a la presencia pública de símbolos
religiosos. Pero ahora, con cierta perplejidad comprobamos que en Italia y,
especialmente, en España proliferan peticiones para retirar Crucifijos de
lugares públicos o se hacen obras de teatro y muestras de fotografías
irreverentes y blasfemas. También Gran Bretaña, un país que alardea de su
modelo de convivencia, el que se ha convertido en noticia por la cristofobia
de la que han dado muestra dos de sus empresas más emblemáticas: la cadena
de televisión BBC y la compañía aérea British Airways.

Europa inició el camino de la tolerancia y la libertad religiosa para
responder a la necesidad de que hombres de credos distintos pudieran vivir
juntos y ejercer de modo armónico sus respectivos derechos y libertades. Hoy
el problema ya no se plantea entre cristianos de confesiones distintas sino
entre europeos descristianizados, cristianos confesantes y, de modo
especial, fieles musulmanes.

La solución a tanta diversidad no reside en la creación de áreas libres de
religión, como tampoco en la expulsión de Dios de la vida pública. Antes al
contrario, la concordia que anhelamos sólo vendrá del respeto escrupuloso a
la libertad e identidad religiosa de cada una de las partes. Y si para ello
es necesaria una efectiva protección jurídica del derecho a la libertad
religiosa, no es menor la responsabilidad pública que tienen los cristianos
europeos en la defensa de su específica identidad religiosa.

En el caso de Badajoz, el escarnio, la befa tenaz que tiene por objeto
afrentar, la grosera e insultante expresión de desprecio y la mofa, burla y
vilipendio de las imágenes publicadas, tiene su origen en el progresismo
materialista y antiteo de que es abanderado el socialismo español,
encabezado por el Presidente y su gobierno.

Jesús Domingo Martínez