Dos buenos equipos
A primera hora de esta mañana (la del miércoles) fui a la frutería a ver a mi amigo Manolo. Es lo que hago todos los días pero en esa mañana había una razón especial, la de decirle que su equipo, el Barcelona, es muy bueno. Estaba triste Manolo porque a pesar de ganar el partido contra el Liverpool, ya no seguirían en la “Champions”. Era una ilusión que se había acabado y comenzaba una nueva etapa para la próxima competición en la que todo estaba por hacer. Le he dicho lo que pienso, que el Barcelona es un buen equipo, de lo mejor que hay, aunque a veces falle por una u otra razón. Los técnicos han proporcionado ya sus análisis sobre ese partido, jugado en Anfield la noche del martes, señalando lo que vieron de bueno y aquello otro que tal vez hicieron posible ese resultado. Ellos saben de lo que tratan pero a mí lo que me queda es que los hombres del Barcelona saben lo que es jugar en equipo.
Los del Liverpool también saben que es necesario apoyarse unos a otros para dominar en el terreno de juego, a base de buen fútbol, y que los resultados le sean favorables. Esa es una labor no de un rato sino de la totalidad del tiempo del encuentro, con calor o con frío, lluvia o lo que sea. El cansancio lo han de superar con más entrega personal, sin abandonarse y con espíritu de victoria. Dieron buena muestra de todo ello a lo largo de todo el encuentro, a pesar de que la fortuna se puso en su contra a la hora de entrar el balón en la portería contraria. El espíritu de equipo es fundamental allí donde concurren personas dotadas, cada una de ellas, de buenas cualidades (excelentes en algunos casos) pero con características que son, siempre, diferentes. Sólo si hay espíritu de equipo (de unión) aquello funcionará bien.
El individualismo hay que respetarlo y consigue resultados sumamente importantes en algunas ocasiones, pero lo más conveniente para el desarrollo de la sociedad es que haya unión de esfuerzos para que los resultados sean no sólo buenos sino los que se necesitan para el bienestar común, para el bien de seres humanos, inteligentes y libres, dotados de alma y cuerpo. Seres distintos unos de otros que se unen, en equipo, para lograr el mejor resultado.
En el fútbol se ve con mucha claridad la ventaja del espíritu de equipo cuando se abre la competición. Cada conjunto está sometido a la mirada de una gran cantidad de personas que tienen sus criterios sobre ese deporte de competición. El veredicto de estos tiene mucha importancia y debe ser tenido en cuenta para el bien de los equipos y también del deporte.
Ese espíritu de equipo y de competición debe ser cuidado muy especialmente en el desarrollo de la sociedad. Las distintas agrupaciones políticas deben tener un buen espíritu de equipo pero sin olvidar el espíritu de la competición en la que intervienen, que es el del bien de todos, el de la satisfacción de todos y no sólo de parte de ellos. Dos buenos equipos, cuando menos, siempre son necesarios para esa labor.
Manuel de la Hera Pacheco.- 7.Marzo.2007
Tomado de Andalucía Liberal
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