Derecho a vivir dignamente

La auténtica calidad humana ¿acaso no se descubre en esa inmensa mayoría de enfermos terminales, y discapacitados de todo tipo, que no quieren que les quiten la vida, sino que les cuiden con amor? La cultura dominante en el mundo, y hoy de modo especialmente intenso en España, quiere vendernos como progreso la eliminación de los más débiles, -curiosamente, cerrando los ojos a los exterminios nazi y comunista del siglo XX-, en lugar de recuperar las raíces cristianas, ¡el verdadero progreso que introdujo el cristianismo poniendo en primer plano el valor sagrado de toda vida humana!

Es cierto que el enfermo tiene derecho a renunciar a un tratamiento desproporcionado y extraordinario que le mantenga con vida. Desde la moral católica no sólo no se rechaza sino que se promueve este principio. La muerte no debe ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada.



Josefina Galán