“Bien morir”

Bajo el título “bien morir”, leo
en Hoy ( 7-2-07) el escrito de un simpatizante de asociaciones pro-eutanasia (se deduce de sus letras). El articulista quiere comparar  el suicidio asistido y como espectáculo de la francesa Madeleine en Alicante, con las muertes atroces que salen en televisión.

En la atrocidad pueden compararse; pero no en la finalidad del espectáculo: las unas se exponen para el rechazo social; la de Madeleine chupando un helado mortífero, para difundir una ideología destructiva: eso que llaman “eutanasia”, que no es muerte digna sino fruto de la depresión, de tremenda desesperación, de comedura de “coco” por parte de gente perteneciente a asociaciones pro-muerte, o  del abuso de ciertos médicos que no sirven a la vida.

Dos países de entre tantos que existen en el mundo, tienen legalizada la eutanasia y bajo ciertas circunstancias: Holanda y Bélgica.



En Australia, revocaron la ley. Pues bien, según un informe belga, entre 2004 y 2005, la muerte por eutanasia o “suicidio asistido” representó un 0,3% del total muertes en Bélgica. En Holanda, los ancianos prefieren que se les asista en clínicas de fuera: muchos se han ido y se van a vivir y a morir a Alemania, y ha  habido quejas por eliminación de enfermos que no pidieron morir. ¿Por qué será? Muy sencillo: tenemos el instinto de vida, no de muerte.



Llamar muerte digna a la eutanasia activa o al suicidio asistido, ¿no es un eufemismo para enmascarar con palabras bellas la fealdad del asesinato consentido por la víctima? El deseo de morir está vinculado, casi siempre, a la calidad de las personas que nos rodean. Si Ramón Sanpedro no hubiera tenido trato con la señorita Maneiro, ahora podría estar sonriendo con el cariño de su cuñada y de su hermano.

J. R