Lo bien hecho se agradece

Hay una gran diferencia entre un guiso bien preparado con ingredientes de buena calidad y otro cuyos componentes dejen que desear, pero si aquél no fue cuidado mientras se mantuvo en el fuego el resultado no merecerá la aprobación del comensal y ni siquiera de quien lo cocinó si éste es una persona consciente de su misión y de la repercusión que tendrá al ser enjuiciada por sus hechos. Lo bien hecho se agradece siempre porque causa satisfacción personal y porque crea un ambiente agradable, bueno y amable, que satisface y ayuda a que cualquier otra cosa se haga bien, a ejemplo de aquello que señaló una forma de actuar siguiendo todos y cada uno de los pasos necesarios para que no se produzcan rechazos, incompatibilidades, desagrados entre los componentes necesarios de un conjunto - del guiso, por ejemplo, al que antes se hacía referencia - o que llegue a perderse todo.

Se nota la pericia del cocinero en aquellos platos que ofrece. Todo el mundo puede apreciar la calidad de los productos empleados y la delicada atención que puso al cocinarlos: ni un poco de más o de menos de éste o aquél condimento y tampoco más o menos tiempo al fuego sino justamente el necesario. Después la presentación, sin engaño ni nombre extraño sino lo suyo, lo auténtico, lo que todo el mundo conoce y quiere encontrar en aquello que pide o le sirven. Lo bien hecho se agradece y se quiere encontrar siempre. Molesta mucho y hasta enfada la falta de atención y, por supuesto, el engaño que supone el cambio de lo que siempre fue bueno por algo que es dudoso o que incluso está acreditado como disolvente u obstaculizador de la unión de todo lo que es necesario para la calidad del conjunto.

Eso es lo que se espera del buen cocinero y también de toda aquella persona que sirva otras realizaciones necesarias para cada persona y para el conjunto de la sociedad: por ejemplo, gobernar, dirigir, mandar y otras derivadas de esa funciones principales. En estos cometidos hay que prestar especial atención a lo que se ha de hacer; que nunca debe ser algo caprichoso sino siempre en consonancia con la justa demanda del bien público y con la plena observancia de la verdad en la que se asienta la moral y dignidad humana. Cuando no se siguen fielmente esos criterios la sociedad muestra su descontento y no es necesario ser fino observador para apreciarlo, a menos que se mire hacia otra parte o se pretendan quimeras.

Cuando ocurren hechos que nunca se dieron y que causan perplejidad y hasta preocupación en la sociedad, se hace necesaria la reflexión sobre todo ello. Algo se ha debido hacer mal y es necesario rectificar de inmediato. Lo demanda así la atención que se debe a la sociedad que se gobierna, dirige o manda, para recuperar la debida armonía social.

No todo el mundo tiene condiciones para ser un buen cocinero y además se necesita aprender antes de llegar a ejercer bien e igual ocurre en cualquier otra actividad. Lo bien hecho se necesita y se agradecerá siempre.

Manuel de la Hera Pacheco.- 26.Enero.2007