Hablar y escuchar

Esas dos funciones, hablar y escuchar, se mantienen permanentemente a disposición de toda persona, a excepción de aquellas que padezcan limitaciones importantes tanto de orden físico como psíquico. Durante toda la vida se dispone de ellas y no siempre se hace buen uso de las mismas. Hay quienes no saben o no quieren escuchar y sin embargo hacen uso constante de su hablar, de manifestar lo que piensan que siempre será poco actual porque no han escuchado todo lo que hay que oír, todo lo que hay que conocer de lo que piensan otras muchas personas. Es necesario escuchar poniendo la máxima atención en lo que nos digan, pues siempre habrá algo nuevo, aunque sea un ligero matiz, que enriquecerá el conjunto de nuestro saber, al igual que un ligero matiz de claridad en el oriente del horizonte nos da a conocer que un nuevo día se nos ofrece para el desarrollo pleno de nuestro ser.

Para que otros escuchen lo que queremos hacerles entender es necesario que se emplee el lenguaje y el tono adecuados. El entendimiento se produce cuando el razonamiento de lo que se expone es correcto, ajustado a la verdad, sin exageración alguna y sin que se lesione cualquier otro principio. Y hay que hablar de lo que es necesidad, de todo aquello que demanda solución adecuada, de todo aquello que debe hacerse mejor de lo que se esté haciendo porque no es suficiente, porque es mayor la necesidad que subsiste y hasta se incrementa cada día. Claro que hay que hablar de todo eso; es una obligación moral que toda persona tiene y la debe cumplir siempre, en todo momento, sin cansarse por mucho que sea el esfuerzo y la reiteración a emplear, pero con el amor que demanda lo que se defiende.

Unos y otros, todos, hemos de recapacitar y, después, tratar de unir esfuerzos para que la vida en la sociedad se desarrolle en un clima de comprensión. La sensatez es buena cualidad a tener en cuenta y, por medio de ella, aprenderemos a escuchar bien lo que, por otros, se nos diga. Cuando se escucha con detenimiento y sin apasionamiento, las ideas se reciben con claridad y puede ser entendido lo que antes nos era desconocido y lo que no se interpretaba bien. Enriquece el entendimiento esa forma de comportarse, que es la natural en toda persona que quiere y sabe tener en cuenta a los demás para poder prestarles ayuda.

Cada día estamos más necesitados de ayuda mutua, de comprensión, de recibir ese abrazo que se proporciona, simbólicamente, con la atención que se dedica a quién nos habla y a quien nos escucha. Ni sordos ni mudos en la relación con los demás, sino atentos a sus necesidades, aunque las nuestras sean muchas. Si atendemos a los demás con cariño también se recibirá de otros lo que se haya ido sembrando.

La vida de cada persona es sumamente importante. ¿Cómo no dar a cada una de ellas, a todas, lo mejor de lo que uno dispone?. Será poco o mucho y de calidad siempre mejorable, pero démoslo con el mismo cariño que el niño se entrega en los brazos de la madre.

Manuel de la Hera Pacheco.- 31.Enero.2007

Tomado de Andalucía Liberal

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