El crucifijo, algo más que un símbolo cristiano

Hace un año, el padre de un alumno del colegio público Macías Picaveas de Valladolid, solicitó la retirada de símbolos religiosos (crucifijos) de las aulas. Ante la negativa del consejo escolar del centro y de la Junta de Castilla y León, llevaron el caso a los tribunales, que en breve emitirán su sentencia.

Sin duda, se trata de un abuso contra la mayoría, que son demócratas de toda la vida. En el fondo, este caso es la punta del iceberg del fundamentalismo laicista que impera en nuestro país.

Hace unos días, leía una anécdota que se atribuye al profesor Enrique Tierno Galván. Este señor fue elegido alcalde de Madrid encabezando la lista electoral del Partido Socialista. Cuando fue a ocupar el despacho oficial en el Ayuntamiento, sobre la mesa de trabajo había un crucifijo. Uno de los acompañantes del señor Tierno sugirió la oportunidad de retirarlo. El “viejo profesor” dijo: “Dejen el crucifijo donde está. Es un símbolo de paz”. Tierno Galván, siendo agnóstico reconocido, consideró que la separación entre Iglesia y Estado no le obligaba a quitar el crucifijo del ayuntamiento de Madrid, como pedían otros de su partido, puesto que se trata de un recuerdo de un hombre justo que fue víctima de los poderosos de la tierra. El crucifijo, algo más que un símbolo cristiano.

Enric Barrull Casals