Conocer, pensar y actuar

Me comentaba un amigo, hace ya unos días, la mala impresión que le había causado oír la exposición que se hacía, por parte de una persona conocida en la sociedad, sobre unas cuestiones ciertamente importantes. Estimaba mi amigo que aquella persona no conocía bien aquello de lo que hablaba, tan sumamente diferente a lo que él había podido conocer a lo largo de su vida, con muchos años en contacto directo con distintas facetas de aquellas cuestiones. Decía mi amigo que a esa persona le ocurría lo que suele ser corriente en quien accede a un puesto importante en el que hay que atender asuntos difíciles, complicados y hasta enrevesados, sin tener conocimiento profundo de ellos: que a pesar de su inteligencia y capacidad de trabajo, bien acreditadas, no acertaban a dirigirlos como necesitaban. Tenían sus ideas, buenas en sí mismas, pero que no resultaban adecuadas para resolver esos asuntos.
Opinar sobre aquello que no se conoce a fondo en cada una de sus peculiaridades, suele presentar errores importantes. Es necesario pensar antes de opinar y si ese pensar no ha dado resultados positivos - por medio de las pruebas necesarias - lo prudente es abstenerse de dar soluciones y criterios a seguir, pues no se cuenta con la base suficiente para ello. Pensar bien, apoyándose en todos los elementos de garantía que sean necesarios, lleva a conclusiones que no hacen daño al sistema del que se sea responsable y, además, lo cohesiona, le proporciona solidez y buen ambiente de colaboración. Preguntar, escuchar con atención a quienes conocen bien las cuestiones y son leales a su vocación de servicio, es la base fundamental para empezar a pensar en cómo afrontar aquello que se deba hacer.

Cuestiones hay sumamente importantes en la vida de la sociedad; son muchas y muy delicadas y eso hace que se deba poner la máxima atención en aquello que se dice y, más aún, en aquello que se llegue a proponer, en algún momento de euforia, como solución de esto o aquello. Soluciones que se ofrecen sin verdadero conocimiento de causa y sin pensar en las consecuencias que se puedan producir si llega el momento de ponerlas en práctica o que se demande el cumplimiento de esos ofrecimientos, por parte de algunos componentes de la sociedad. Es muy delicada la situación a la hora de actuar. Lo es siempre, hasta en los casos más simples, y de ello deben preocuparse muy seriamente quienes dirijan la sociedad.

Decía mi amigo que conocer, pensar y actuar, adecuada y correctamente, exige la dedicación plena a quienes tienen la responsabilidad de dirigir a la sociedad. Dedicación sin reserva alguna y sin favoritismo de ninguna especie, para no ofender a nadie y para exigir el cumplimiento exacto de los deberes, obligaciones y respeto debido a todos y para todos.
Sorprenden las situaciones que se vienen produciendo, de un tiempo a esta parte, por esa falta de rigor - de propiedad y precisión - en la solución de los problemas de la sociedad. Es necesario detener esa producción pues hace daño a la sociedad; la desconcierta y la hace temer un futuro triste.
Manuel de la Hera Pacheco.- 22.Enero.2007
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