Los dos "mojones" vascos

Ha hablado y claro, Joseba Egibar a Zapatero: el PNV es único y no es cortafuegos que le limite el terreno al PP. En el juego de las reuniones discretas viene a decir que no es lo mismo la nocturnidad alevosa con Mas y el estatut que la diurnidad alevosa con Ibarretxe.

Que llevan muchos años para caer el juego zapateril del divide y vencerás con Imaz para ningunear a Ibarretxe como despojo. Pensamiento Alicia que diría Gustavo Bueno es lo mismo que dice el presidente del PNV de Guipúzcoa, se "imagina una realidad en función de su necesidad". El agua cristalina del nacionalismo vasco siempre ha sido clara, lenguajes, árboles y nueces aparte.

El nacionalismo vasco es de piñón fijo y no deja de pedalear ante propuestas del presidente, cuya credibilidad cayó un 30 de diciembre. Reuniones discretas, intimas top-secret o de salto de cama, en este tema de poco valen, con un crecido nacionalismo ha colocado los rejones como antaño se pusieron picas en Flandes. Rejones que Egibar llama mojones, por mejor señalizar el camino largo, duro y difícil.

Las cartas vascas están sobre la mesa, y dice que no les aceptan los "dos mojones aceptados mayoritariamente por la sociedad vasca: el reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y el derecho a decidir". Los dos mojones puestos en el camino del Rocío, parando en Doñana, no puede darlos aunque sea lo que quiera. He ahí el paritario dilema y dos formas nacionalistas, la de los mojones y la de la tutela totalitaria que exige más señalizaciones en Francia y Navarra.

¿Creerá Zapatero que después de cuarenta años, él va a ser el que recolecte las nueces?. Egibar se lo recuerda: "puede ser el cuarto si no actúa con altura de miras". Qué particular visión deben tener, los grandes estadistas.

José Carlos Navarro Muñoz