Proceso con sorpresas
Recuerdo una película, de hace años, sumamente interesante. Se trataba de descubrir quién había cometido un asesinato y la cosa no resultaba fácil. Cuando parecía que todos los detalles del proceso encajaban y apuntaban hacia una determinada persona como protagonista del hecho, aparecía algo inesperado, hasta absurdo si quieren, y vuelta a empezar siguiendo otros caminos, con vueltas y revueltas, con sorpresas que hacían fijar aún más la atención en cada detalle, revisando los conocidos y recelando de los nuevos porque tal vez eran cortinas de humo que pudieran tratar de encubrir la posición ya alcanzada que parecía ser fiable. La película termina sin que llegue a conocerse, con seguridad, la verdad de lo ocurrido y por si era defecto de apreciación, por mi parte, volví a verla por segunda y tercera vez y, a pesar del interés que el proceso suscitaba, siempre se apoderó de mi la duda.
La trama de esa película, a mi entender, era perfecta, como lo era también el cuadro de actores - de primerísimo fila - y la actuación de cada uno de ellos. La he recordado, con gusto, muchas veces, tanto en su conjunto como en detalles de la actuación del fiscal, del acusado y de los otros. Ahora, justamente hoy, vuelvo a recordar aquél proceso debido a que he leído el epígrafe de una noticia en el que se dice: “Zapatero articula un nuevo proceso en un encuentro sorpresa con Ibarretxe”. Y claro, después de leerlo se inicia - mentalmente - una escalada de supuestos, de posibles motivos, de vaya usted a saber qué presiones hechas por algunos grupos que suponen algún valor para el interesado o qué indicaciones proporcionadas por analistas de aquí y también de allá, que de todo hay. Como en la película.
Sí; tiene un parecido asombroso con aquello que recuerdo. Lo que sucede es que esto de ahora, este proceso que se reanuda con otra nueva sorpresa, lleva inquietud al ánimo de bastante gente ya que no se trata de una película sino de una realidad que tiene mucho de ingrata. No resulta fácil para el común de las gentes valorar con exactitud esa inquietud personal - tampoco la colectiva - y pienso que quienes manejan encuestas también tienen dificultades para conocer la realidad y alcance de ese sentir y, por tanto, equivocarse. Por ello, este proceso con sorpresas inclina a reconocer que con la noticia de hoy no se genera tranquilidad ni satisfacción sino una alerta más, que ofrece una gran carga de estupor.
Lo que ocurre, al menos a mí, es que así como un juego intelectual - el que se sigue en la película a la que me vengo refiriendo, por ejemplo - tiene atractivo, tanto más cuanto mayor sea la dificultad que en él se presente con sorpresas, y que se recuerda con gusto a lo largo de los años, no es lo mismo para la realidad actual ya que no se trata de una película.
Bueno está que en la vida haya sorpresas, como la de un regalo inesperado de quienes nos quieren, pero no con aquello que lleva inquietud al ánimo. ¿Hacia dónde vamos con este nuevo rumbo?.
Manuel de la Hera Pacheco.- 19.Enero.2007
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