Cada cosa a su tiempo

Un día, hace ya bastante tiempo, un amigo mío tenía desparramadas sobre una amplia mesa una buena cantidad de piezas de un puzle. Era sólo una parte de las mil que totalizaba el conjunto y todo ello suponía para mi amigo la dedicación de un tiempo que, a decir de él, le servía para descansar la mente de la atención a otras cuestiones que, a su juicio, podían esperar y hasta era posible que esa espera fuera necesaria para una posible y favorable evolución. La realidad es que toda la vida de mi amigo se desarrollaba como si fuera un puzle de dimensión infinita; a ratos se distraía encajando piezas de madera o cartón para lograr una representación cuyo modelo lo tenía a la vista, mientras que en otros trataba de encajar la realización de sus propios actos profesionales, familiares, sociales, etc., para lograr algo propio, único, peculiar de su ser, de su formación, de su mente, corazón y voluntad.

La diferencia, muy importante, está en que el puzle de la mesa se deben encajar piezas ya prefiguradas mientras que en el de la vida cada pieza se va haciendo según qué circunstancias existan a lo largo del tiempo. Cada cosa a su tiempo debe hacerse a lo largo de la vida; de ese tiempo del que nunca se es dueño absoluto sino que es compartido por otras muchas personas a las que no siempre se las conoce de forma directa. Es un error, grave, no tener en cuenta la presencia de otras personas en eso que solemos llamar nuestro tiempo; más grave aún si quien ignora es persona que tiene obligación de conocer y atender las justas necesidades de los demás, por muchas que éstas sean. El puzle de la vida es inmensurable.

Grave error es atreverse a caminar hacia el futuro sin tener en cuenta lo que ya se haya conseguido por la sociedad en otro tiempo anterior. ¿Acaso todo lo anterior, lo no hecho por uno mismo, es malo?. La sociedad se va forjando día a día, con trabajo y dedicación continua y no a ratos perdidos o inconexos. En ese trabajo todos sus componentes están llamados a participar de forma activa y responsable. En ocasiones dirigiendo y en otras ayudando, de forma clara, a que esa dirección se conduzca dentro de los cauces que señala la ordenación de la dignidad humana y de los justos derechos que son fundamento de la vida. Si la dirección es importante y necesaria, no lo es menos la ayuda de todos para el buen hacer.

En el puzle que mi amigo tenía sobre la mesa conviene dejarlo sólo; es su distracción y no hace daño a otros. Pero en el puzle de la vida no se debe dejar de aconsejar lo que sea necesario; sin agobiar, por supuesto, pero ayudando siempre a lograr obras bien hechas.

Los tiempos de la sociedad nos pertenecen a todos y también nos pertenece la misión de hacer una sociedad mejor, más justa y digna, Derechos y obligaciones, de todos, que se han de lograr y ejercer honradamente para colocar cada cosa en su sitio y su tiempo.

Manuel de la Hera Pacheco.- 12.Enero.2007