Navidad con Dios, Reflexiones desde Roma
Roberto Carlos Lazalde
¡Feliz navidad! Pero, ¿habrá este año Navidad? No me refiero a la que montan los comerciantes y promueven las agencias de turismo sino la auténtica Navidad en la que nos nace el niño Dios.
Nadie pone en duda que hace dos mil años, en la época en la que reinaba César Augusto y un tal Quirino gobernador de Siria, sí hubo Navidad. Fueron pocos, muy pocos tristemente, los que se dieron cuenta de este misterio.
Hoy, en tiempos del Euro, de Ronaldiño y de Hollywood, cuando no se sabe con certeza el número de muertos de hambre en el mundo, cunado la violencia ha pasado a ser divertida y comercial, cuando el deporte de alto rendimiento se ha convertido en el fenómeno de desahogo de las masas, cuando en cualquier casa puede ser Navidad. Puede pasar algo desconcertante: Dios viene al mundo.
Hace dos mil años no tuvieron lugar en la posada. Hoy muchos les reservarían una habitación lujosa en el mejor de los hoteles. Pero es posible que a Él no le gustase nacer en un hotel. Rechazaría la presencia de miles de periodistas tomándole fotografías en los brazos de sus padres. No toleraría que su imagen fuese usada como negocio en todas partes y que muchos, en medio del tráfico y del ruido, se pelearan por conseguir objetos de decoración para sus casas, pero no para sus corazones.
Él no necesita para nacer de todo eso que hemos preparado en su honor sin reparar en gastos y derramando nuestros ahorros. Él sólo quiere que le preparemos un lugar en nuestro corazón.
Si le cedemos el rincón, la hendidura, el pequeño espacio de nuestro interior. Si nos dejamos traspasar por ese rayo de luz. Si aceptamos sacudirnos el peso de la rutina. Si nos dejamos contagiar por sus ganas de vivir, de construir el amor, de hacer crecer la fe, de vivir con esperanza, de proclamar la paz. Si este 24 de diciembre puede nacer en nuestro interior el hombre nuevo que Él vino a proponernos, entonces, sólo entonces, será Navidad.
Dios nos da un mensaje: nos quiere. Y el mensaje no siempre llega al destino de nuestra vida. Navidad puede ser la ocasión en que alguien, finalmente, se decida a escribir o a decir una palabra muy sencilla: “Recibido”.
Navidad es un milagro inaudito. El que todo lo puede se revela en la debilidad más desarmada. El inmenso se hace diminuto. El Creador se hace niño. El Dios invisible nace de una mujer sencilla de pueblo.
Dios es el que sale a buscar al hombre. Y le manifiesta su buena nueva para estar cerca y para acompañarnos en el camino de la vida. Nos invita al cielo bajándose a la tierra. A vivir con nosotros. A reír, a sufrir, a trabajar y a sentir como nosotros. A pasear por las mismas calles que nosotros andamos. Y todo para que nosotros comprendamos que podemos vivir como Él,
Podemos ser felices. Podemos vivir amándonos. Nuestra vida vale la pena. Nuestro fin es la eternidad. Dios está con nosotros: ¡Feliz Navidad!
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