Marx, Engels, Lenin y Trotzky, siguen vigentes

Federico Müggenburg

Fuente: Heraldo de S.L.P.

Los inesperados acontecimientos post electorales en México, han puesto de relieve la vigencia de las ideologías revolucionarias. Los principales promotores intelectuales de la presente desestabilización, que han puesto en riesgo nuestra gobernabilidad, tratan de que no sea tan obvia la aplicación de los objetivos, los métodos y las estrategias revolucionarias que paradójicamente evidencian la magnitud de la batalla cultural, con su derivado político, en la que estamos implicados todos, incluidos aquellos que no tienen la más mínima conciencia de lo que ocurre y de lo que está en juego. Hubo hace apenas unos cuantos años que algunos “cándidos” pensaron y se auto convencieron de que “ya estaba todo resuelto” y que sólo procedía “coser y cantar”. Pasaron de “idiotas útiles”, según los calificara Lenin en su tiempo, a “imbéciles útiles” actuales.

La “I Internacional” fue creada por Carlos Marx y un reducido grupo de seguidores, en Londres en 1864; puso en evidencia el propósito firme de los revolucionarios para acabar con la “propiedad privada” a la que atribuían, en su engorrosa argumentación, la causa de la explotación y de la injusticia. Marx se autoproclamó a sí mismo como el primer “socialista científico”, para distinguirse de los socialistas antecesores, a los que llamó “utópicos”. Muerto Marx se disolvió la Internacional por la infiltración y el sabotaje de los anarquistas, razón por lo que su correligionario, financiero y amigo, el rico industrial textilero Federico Engels, creó la “II Internacional” en París en 1889, misma que fue disuelta en dos ocasiones: antes de los estallidos de las dos guerras mundiales, a causa de la contradicción en la que incurrían los delegados socialistas que votaban por la paz en las reuniones de la Internacional y por la guerra en sus respectivos parlamentos nacionales. La II Internacional, también llamada “Internacional Socialista”, y sus socios, -que quieren ser reconocidos como “social demócratas”- hace pocos años, todavía en vida de Willy Brandt, repudiaron a Marx y adoptaron a Engels, lo que explica que su actual propósito y estrategia sea, acabar con “la familia monogámica”, que según Engels es la causa de la explotación y de la acumulación de la riqueza.

La “III Internacional” fue creada en Moscú en 1919, por Vladimir Ilich Lenin, al haber conseguido el poder con la estrategia eficaz de la “guerra revolucionaria” y la técnica del “golpe de Estado”. Lenin evidenció a Marx como “utópico” al haber diseñado la maquinaria para hacer la revolución, es decir, “el Partido Comunista”. Las diferencias de concepción entre Lenin y Trotzky se acentuaron y se profundizaron con Stalin. Lenin había diseñado la “revolución continua” y la idea de establecer el comunismo en Rusia y de ahí expandirlo a todo el mundo; en cambio, Trotzky concibió “la revolución permanente” para hacerla simultáneamente en todos los países el mundo. Esta diferencia sólo ocultaba la ambición personal por el liderazgo del proyecto comunista mundial y nada más.

Después de 1921, se diseñaron otras variables a propósito de las diferencias de lo que entre ellos llamaban países capitalistas, feudales y semi feudales o semi capitalistas, para los que se diseñaron “la vía no capitalista de desarrollo” y “la vía del nacionalismo revolucionario”. De la confrontación con Stalin la consecuencia fue la fractura, persecución y asesinato de Trotzky. En su huida sistemática desde Moscú, pasó por varias ciudades de Europa; en 1938 en París fundó, bajo “gran secreto”, la “IV Internacional”. De todo esto resultaron variantes y combinaciones como la llamada “guerra popular prolongada” de alta o de baja intensidad. Luego vinieron otros líderes comunistas como Mao Tse Tung, que creó el modelo “foquista” y otras variantes, hasta la conocida “guerra de guerrillas” que algunos ignorantes atribuyen al Che Guevara.

Existen también modalidades y variables más recientes, al menos por su conocimiento y puesta en práctica, como son las teorías de Gramsci, Habermas y Althusser, hasta llegar al llamado “nuevo socialismo del siglo XXI” impulsado por Hugo Chávez y sus teóricos de la “revolución bolivariana”, sin dejar de señalar la aberración del llamado “socialismo cristiano” y las fantásticas construcciones ideologizadas del “socialismo alternativo” y del “socialismo intersticial” de factura globalifóbica, que pretenden hacer nacer la hipotética “V Internacional”. Lo que resulta importante en este sintético repaso de modalidades estratégicas y tácticas para hacer la revolución socialista del siglo XXI, es tomar nota del “circo de tres pistas” que se está configurando en el caso de la desestabilización mexicana actual. Se integra por la presencia actuante de un “núcleo duro” (EZLN, EPR, ERPI y APP’S), “agitación callejera” (Frente Amplio Progresista) y “asalto a la tribuna legislativa” (PRD, PT y PCD).

El “separatismo vasco” en España, ya ha utilizado el “circo de tres pistas”; “núcleo duro”, la ETA; “agitación callejera”, Herri Batasuna, y “asalto al parlamento” el PNV. Las tres pistas actúan moduladamente según conviene a la eficacia del objetivo: “tomar el poder”, ya sea bajo el modelo “foquista” de Mao; de la “guerra popular prolongada” de Lenin o Trotzky, o la “guerra social” de los globalifóbicos. No es casualidad que estén así configuradas las fuerzas desestabilizadoras.

Basta leer las recientes declaraciones de Enrique Semo Caleb y de Luis Villoro Toranzo, -al glosar los hechos derivados de las llamadas “Asambleas informativas”, los “Mega plantones”, la “Convención Nacional Democrática”, del nombramiento del “Presidente legítimo”, con su proyecto de “gabinete alterno” y su plan de “Gobierno paralelo itinerante”-, para entender de qué se trata el ¡aquí y ahora!, es decir, lo que vivimos hoy.