SEGUNDA RENDICION DE GIBRALTAR

Así, sencilla y cobardemente, hemos entregado Gobraltar.
La primera entrega fué, tras el inícuo Tratado de Utrech de 1713 cuando Inglaterra se apoderó de Gibraltar y Menorca. Y la segunda, la ha hecho Zapatero durante su nefasto Gobierno, dando de hecho la soberanía del Peñón a los llanitos.
Todos nuestros gobernantes, cualquiera que fuera su ideología, siempre han reivindicado la soberanía de España sobre Gibraltar.
De todos es sabido que los ingleses, saltándose a la torera lo establecido en el Tratado de Utrech, según el cual Gibraltar no tendría comunicación directa por tierra con el territorio español y la frontera quedaría establecida por las murallas del Castillo, ha aprovechado los momentos de debilidad de los Gobiernos españoles y ha ido apoderándose del istmo, incluso construyendo en él una pista de aterrizaje mientras España se debatía en una guerra civil.
De nada sirvió el cierre de la verja durante la época de Franco, -que hubiera contenido a los llanitos dentro de sus estrictos límites,- porque Felipe González, creyendo conquistar así la amistad de Inglaterra, la abrió nuevamente y, con esa apertura, los llanitos tienen para su disfrute y negocios toda la Coata del Sol.
Moratinos, con esa cara de hombre bondadoso y pacífico, propia de un monje budista, es en realidad un diplomático cuya actividad es nefasta para los intereses españoles. Basta ver cómo están las relaciones de España con Marruecos, Senegal, Estados Unidos, la Comunidad Europea o la situación de los emigrantes. Claro que, para los Gobiernos comunistas de América del Sur, Moratinos es una bendición.
Y, para colmo, ha protagonizado la reunión de ayer en Córdoba, donde el gobernante de Gibraltar he pactado con el Gobierno español en pie de igualdad, siendo el representante británico un mero asistente pasivo.
España no gana nada con que podamos hacer uso de la pista de aterrizaje, de peligrosa maniobrabilidad, teniendo el aeropuerto de Málaga a pocos kilómetros. Y menos, con establecer un Instituto Cervantes en el Peñón porque todos los llanitos hablan un andaluz perfecto
Moratinos ha ratificado lo que hace año y medio se acordó con el Ministro de Exteriores británico: Que España respetaría los derechos de los llanitos y que éstos tendrían voz y voto en cuantas negociaciones hubiera.
Hemos entregado, por segunda vez, la soberanía de Gibraltar.
Claro está que quien, como Zapatero, rompiendo la unidad España, no titubea segregando de España a Cataluña y al País Vasco, cómo va a dudar en entregar Gibraltar.
Tiene razón Moratinos al creer que el pacto de ayer en el Palacio de Viana de Córdoba va a ser un hecho histórico.
Y miserable, también.

19 Septiembre 2006