Una propuesta para la enseñanza

10 de Septiembre de 2006 - 10:44:21 - Pío Moa

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Cuando yo estudiaba el bachillerato solía haber en cada curso dos clases, A y B, de en torno a cuarenta alumnos cada una. Ahora, cuando las clases no pasan de 25-30 alumnos, hay a menudo tres clases. En cada una de ellas se mezclan los estudiantes buenos e interesados, los medianos y los que, por una u otra razón, no quieren estudiar. Estos últimos, muy abundantes hoy día y con sus peores tendencias estimuladas por la telebasura –la verdadera educadora, o deseducadora actual, en ausencia de los padres–, perturban seriamente el desarrollo de las clases, dificultan el esfuerzo de los mejores, así como el del profesorado, y rebajan la exigencia académica.

Hoy predomina, precisamente, la política de rebajar al mínimo los niveles académicos y morales en la enseñanza. Mi propuesta, impensable en la actual enseñanza pública, es la de dividir a los alumnos, según su grado de interés y rendimiento, en esas tres clases, de modo que la última correspondiese a los alumnos más desmotivados o de menor capacidad. No serían divisiones rígidas y definitivas, pues cada año escolar los mejores de cada clase pasarían a la inmediatamente superior, y descenderían a la inferior los de peores notas. Con ello se eliminarían las tres plagas mencionadas.

Alguno objetará que ello supone una “segregación”, incluso una humillación para una parte de los estudiantes. La objeción ignora la realidad: nada más humillante para los peores alumnos, a menudo repetidores y por tanto de mayor edad, que constatar cada día su atraso e inferioridad en relación con otros, situación que les lleva a extremar su desobediencia y desinterés. Y nada desmoraliza más a los mejores que verse perturbados por la conducta de los peores, que con frecuencia creciente llega al matonismo. Además, el método propuesto permitiría formar un profesorado especializado en el trato con los grupos más conflictivos o atrasados, a fin de mejorar su actitud. Pues evidentemente necesitan tal profesorado.

Se dirá que este método fomenta el elitismo. Ciertamente. Conviene fomentar el elitismo, si por él entendemos la búsqueda de la excelencia. Y conviene desechar la igualdad en la morralla, objetivo no casual de unos políticos de historial tan corrupto como conocemos.