Elogio de la heterosexualidad
Permalink 08.09.06 @ 12:12:58. Archivado en Intereconomía
http://blogs.periodistadigital.com/periodismo.php/2006/09/08/elogio_de_la_heterosexualidad
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(PD).- Los heterosexuales hemos escrito en el devenir humano una gran epopeya de la que podemos sentirnos orgullosos: hemos conseguido hacer de un ser débil, físicamente endeble, la especie dominante del planeta Tierra. Hemos respondido al primer precepto bíblico: “Creced y multiplicaos”. Hemos respondido, con sacrificio y con placer, al instinto de conservación de la especie.
Comenta Enrique de Diego en Época que, según el imperativo categórico kantiano, una sociedad de homosexuales se hubiera extinguido. Bastaría eso para demostrar la superioridad ética -la más estrecha relación con la naturaleza- de la heterosexualidad.
Ésta se inserta en un proceso armónico de maduración. La definición sexual no acontece bruscamente. Como me explica con brillantez la doctora Inma Castilla de Cortázar, hay tres grandes etapas en ese proceso evolutivo. Una primera es genética y se produce en el momento de la fecundación, cuando se da una diferenciación entre seres con cromosomas 44 XX y 44 XY.
De ahí deviene una diferenciación física, cuando el sistema urogenital, que durante tiempo es indiferenciado, produce los órganos sexuales del varón y la mujer. Hay un último proceso psicológico, en el que cada individuo asume su sexualidad diferenciada.
La heterosexualidad obedece a una pulsión ecológica, a una respuesta serena y responsable a la propia naturaleza. Es la opción que beneficia a la especie y que abre la gran aventura del hijo, que es el motor del progreso humano, la disposición a conquistar el futuro y a mejorar el mundo.
Después de zapear en las series televisivas, durante el estío, es obvio que existe una estrategia para situar a la homosexualidad como una opción más, en términos relativistas, incluso a promover la bisexualidad como una forma de no negarse nada, salvo por criterios morales. De manera estúpida se establece un prejuicio contra la moral, cuando sin ella no hay civilización, no hay humanidad. La moral se basa en la naturaleza, en la ley natural.
Es indiferente que muchos lo rechacen -parece haber lobbys homosexuales muy obsesionados en hacer proselitismo- porque es un hecho objetivo, contrastable en el devenir humano.
No hay civilización sin límites, como no hay música sin notas y armonía. La civilización implica cierto grado de represión -las tribus siempre han condenado el incesto y el homicidio-, autolimitaciones voluntarias. Necesitar probarlo todo es una actitud inmadura. La maduración implica afirmaciones que conllevan negaciones, como la libertad se corresponde con la responsabilidad, con la capacidad de sumir las consecuencias de nuestros actos.
También, a lo largo de la Historia, se ha conseguido la conquista de la monogamia, como la fórmula superior de respeto mutuo, excitación del amor, formación de la prole y favorecedora del progreso económico.
Los heterosexuales no necesitamos un día de orgullo (ni que Alberto Ruiz-Gallardón nos utilice y se haga la foto con nosotros), porque podemos estar orgullosos todos los días del año.


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