La batalla de La Carisa: una película de romanos en Asturias

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ALFONSO FANJUL PERAZA
La arqueología asturiana de las últimas décadas es capaz, entre otras cosas, de mostrarnos una serie de situaciones peculiares, e incluso cómicas, de profundo interés historiográfico para aquellos que siguen la evolución de la investigación de nuestro pasado.

Fue en otoño de 2005, en Pola de Allande, cuando tuve la posibilidad de asistir a una presentación de los resultados de las excavaciones en el campamento romano de La Carisa por parte de su director, Jorge Camino Mayor, dentro de un ciclo de conferencias que anualmente organiza la Fundación de Estudios Etnográficos «Belenos».

Ya entonces pude constatar con cierta perplejidad cómo, pese a las profundas dudas sobre la correlación entre el yacimiento romano y las «defensas astures», el director de tales investigaciones continuaba defendiendo las hipótesis del enfrentamiento bélico, reflejadas en el libro de lujosa edición titulado «La Carisa. Astures y romanos frente a frente», y publicado por la Caja de Ahorros de Asturias.

Finalizada la exposición de Camino Mayor, y ya dentro del turno de preguntas, mostré dudas a través de diversas preguntas a este arqueólogo, las cuales tenían como base los siguientes puntos:

1.-La totalidad de las hipótesis sólo tenía un apoyo cronológico fiable, en los datos materiales del campamento, sin que en el momento de la publicación ni de la presentación se dispusieran de fechas de carbono 14.

2.-En la base del «muro astur» del Camino de La Mesa, se citaba la aparición de «cerámica indígena» y de una espuela, cuando bien es sabido de la inexistencia de espuelas en la cultura material de los castros asturianos y en general de buena parte del Noroeste antes de la llegada de Roma, y, sobre todo, de los tiempos medievales.

3.-De la misma forma, se daba a conocer un arsenal de cantos rodados sobre uno de los muros frente al campamento romano, algo que, pese a su lógica defensiva en los castros, tan sólo puede citarse en el norte de la península Ibérica con claridad en uno o dos yacimientos arqueológicos de esta época.

4.-Se mostraba una inexplicable ausencia de material bélico entre el campamento y el muro, a diferencia de los campos de batalla excavados en la alta Cantabria, donde tal material aparece en grandes cantidades.

Pese a esta falta de evidencias de un contacto bélico entre romanos y astures, se mantiene tal postura, reflejada en unas hermosas ilustraciones del libro de Camino y su equipo, que ahora sabemos carecen de valor científico para explicar el yacimiento.

Hoy en día, sabiendo ya que ahora los muros astures tienen un contexto medieval, hemos de resaltar que la publicación de tal obra, sin disponer de fechas de carbono 14, ha sido, cuando menos, una temeridad que, en mi opinión, puede calificarse de poco científica, y cuyo alcance social, debido a la constante presencia mediática de tales investigaciones en los dos últimos años, no tiene paralelos en la investigación histórica de nuestra región.

De hecho, sólo habría que haber revisado parte de la abundante bibliografía, principalmente británica, sobre los recintos campamentales romanos en Europa para darse cuenta de que muchos de estos lugares están vinculados a la construcción y control de vías de comunicación, más que a campañas bélicas de conquista. (Recomiendo los trabajos de Cotteril 1993, Hanson y Friell 1995 o la más reciente monografía de Ottaway 1996, sobre la romanización de la costa de Yorkshire), por no hablar de los estudios clásicos sobre las fuentes de las guerras astur-cántabras, como el de Lomas Salmonte, que ponen en evidencia la escasa trascendencia de las operaciones romanas en los territorios transmontanos.
Por otra parte, la citada publicación resumen de los trabajos de La Carisa contiene citas que forman parte ya de la «mítica particular» de esta «peculiar» forma de hacer arqueología asturiana; así, por ejemplo, las del tipo «el choque brutal entre dos pueblos y dos culturas...».
Lo que yo irónicamente denomino película de romanos de La Carisa tiene sus antecedentes historiográficos en un conjunto de planteamientos escasamente sostenibles por la realidad arqueológica regional, sobre la que se ha intentado construir una parte de nuestra historia, principalmente por unos autores vinculados de algún modo con una Universidad de Oviedo donde la lectura de tesis doctorales en Prehistoria y Arqueología brillan por su ausencia, si las comparamos con el número anual de trabajos de este tipo que se leen en universidades de regiones vecinas.

A este respecto, recordemos la teoría que explicaba el poblamiento castreño del occidente de Asturias, fundamentalmente en torno a la minería aurífera romana, para encontrarnos años más tarde con un origen prehistórico de tales castros.

El director de estos trabajos en La Carisa, Jorge Camino Mayor, años después de criticar de forma continuada la labor del equipo de la Campa Torres basándose, sobre todo, en la cronología de la muralla de módulos del yacimiento gijonés, es ahora, coincidencias del destino, el que nos debe de explicar qué hace una muralla de módulos en la Edad Media asturiana en los altos de Lena.

Alfonso Fanjul Peraza es licenciado en Historia y tiene más de una veintena de trabajos de arqueología publicados. En la actualidad dirige el proyecto de investigación «Astures I. Evolución del poblamiento en la alta montaña cantábrica».