50 años más de vida y 12 centímetros altura, en poco más de un siglo

http://www.larazon.es/noticias/vida.htm
3.08.06

Fax Press - Madrid.-

Los españoles viven hoy cincuenta años más que en 1870. Entonces la esperanza de vida no llegaba a los 30 años y en la actualidad se aproxima a los 80 (83 para las mujeres y 76 para los hombres), según se recoge en la obra "Estadísticas históricas de España" de la Fundación BBVA.
Durante el tercer cuarto del siglo XIX, la esperanza de vida al nacer de la población española era aún inferior a los 30 años, mientras que se acercaba a los 40 años en la mayoría de los países de Europa occidental. La intensa y rápida caída de la mortalidad durante la primera mitad del siglo XX se tradujo en un aumento de cerca de 30 años en la esperanza de vida al nacer.
La esperanza de vida aumentó un 20% (7 años) entre 1900 y 1910, y avances de dimensiones similares se produjeron en los años veinte (8,8 años) y en los años cuarenta (12 años). El aumento fue aún de 7 años en la década de 1950 y, aunque a un ritmo más lento, entre 1960 y 2002 la esperanza de vida ha aumentado en total 9,8 años más hasta situarse en 79,7 años.
La esperanza de vida de la población femenina española en 2002 (83 años) es la más alta de la Unión Europea. La esperanza de vida al nacer de la población masculina (76,3 años) no se encuentra en una posición tan aventajada.
La prolongación de la vida media de las generaciones en España, como en otros países, se ha debido fundamentalmente a la disminución de la mortalidad en la infancia. Las tasas de mortalidad posneonatales y del segundo año de vida, que reflejan sobre todo el efecto de las enfermedades infecciosas, descendieron significativamente hasta los años setenta gracias a las mejoras terapéuticas, la extensión de la penicilina, los antibióticos y la difusión de nuevas vacunas. Entre 1970 y 2004 la tasa de mortalidad nfantil durante el primer año de vida se ha reducido en España del 21 al 4 por 1.000, situándose entre las más bajas del mundo, sólo por detrás de los países nórdicos e Islandia.
En cuanto a la natalidad, España no se ha apartado en líneas generales del patrón común de la transición demográfica, según el cual la natalidad se ajusta con retraso al descenso de la mortalidad. En 1900 el índice sintético de fecundidad era de 4,7 hijos por mujer; cincuenta años más tarde esta cifra se había reducido prácticamente a la mitad (2,4 hijos por mujer). Tras ligeros repuntes durante las décadas de los sesenta y los setenta, la fecundidad española se situó entre las más bajas del mundo en 2001, con 1.2 hijos por mujer, aunque en los últimos años se ha incrementado ligeramente hasta los 1,34 hijos por mujer en 2005.
El descenso muy rápido de la fecundidad ha reducido la proporción de menores de 15 años de un 28% del conjunto de la población española en 1970 a un 15% en 2001.

Más solteras

Como en muchas otras poblaciones europeas, los cambios de la fecundidad han estado acompañados por cambios también significativos en la nupcialidad. Desde mediados de los años 1970, los indicadores anuales de nupcialidad española señalan un progresivo retraso de los primeros matrimonios y una reducción también de su frecuencia. En 2001, el 62% de las mujeres de 25 a 29 años estaban solteras, al igual que el 31% en el grupo de 30 a 34 años y el 18% en el de 35 a 39 años.
Por su parte, el porcentaje de nacimientos de mujeres no casadas sobre el total de nacimientos ha pasado desde mediados de los años setenta de un 2 a un 25% en 2005.
La proporción de matrimonios civiles también ha crecido: entre 1975 y 1998 pasó de un 0,3 a un 24% del total. Esta progresión se ha mantenido en la década siguiente, alcanzando en 2004 un 37%. Otro indicador del cambio de las relaciones entre los casados es el aumento registrado, a partir de 1981, del número de separaciones y divorcios, que ha pasado de un 8% a un 45% en 1999.
La cifra anual de defunciones y la tasa bruta de mortalidad de la población española siguieron, desde finales del siglo XIX hasta la década de 1950, una clara tendencia decreciente, alterada profundamente en tres ocasiones: la epidemia de cólera de 1885, la de gripe de 1918 y la Guerra Civil española. Durante las cuatro últimas décadas la tasa bruta de mortalidad se ha estabilizado en alrededor de ocho defunciones anuales por cada 1.000 habitantes.
Finalmente, otro indicador del estado de salud de las generaciones españolas, es la altura media de la población: la estatura de los reclutas ha pasado de 162,6 centímetros para los nacidos en 1875 a 175,1 para los nacidos en 1980.