¿Cómo no sucumbir al consumismo? Con imitar a los peregrinos del VEMF, basta
Marosa Montañés Duato
Periodista
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=14079&idNodo=-5
Los primeros días de julio, los valencianos recibimos toda una lección difícil de olvidar: se puede vivir con pocos euros porque éstos escasean y ser muy feliz con una botella de agua, con una gorra que preserva del agresivo sol y con una mochila con una camiseta de repuesto. Los restaurantes, bares, cafeterías o incluso los chiringuitos pensaban hacer el agosto y sus previsiones no se cumplieron: sólo se llegó a un 20% de ocupación y la verdad es que dentro de esos establecimientos se estaba bien, había aire acondicionado y ofrecían bebidas refrescantes. Los peregrinos “pasaron” de largo y optaron por otras alternativas más baratas.
Esta manera de enfocar el uso -y no abuso– del dinero tiene muchas repercusiones positivas, como una que escuché uno de esos días en el recinto de la feria de Valencia, a la entrada del pabellón de Eventos, lugar donde se celebraba el Congreso teológico-pastoral: “Con este calor y con esta cola para acceder al scanner, en una feria diferente los extranjeros se hubieran quejado ante sus embajadas, y los que ahora están aquí, además, sonríen y no parecen enfadados. ¡Menuda categoría humana!”.
Quizá ofertar algunas fórmulas pueda ser útil para reflexionar y entender mejor el “consumismo” o, lo que es lo mismo, “con su mismo bolso, con su mismo abrigo, con su mismo traje…; en fin, con su mismo armario”. Me arriesgo a plantear algunas recetas que funcionan si se aplican: tener a Dios en el corazón y las cosas en su sitio; tener y usar lo necesario, sin abusar y sin poseer; buscar sólo lo que basta nos convierte en seres libres y señores de nosotros mismos; es bueno lo que Dios ha creado, y bueno también vivir de acuerdo con la verdad de las cosas que Dios ha creado; no todo lo que apetece al hombre es un bien y hace falta poner orden y medida en las prioridades y necesidades; ser un poco más conscientes de lo que nos enriquece y embellece por dentro y de lo que nos destruye o empobrece… La lista de consejos puede ser exhaustiva, pero éstos y otros más son los caminos –a veces , sendas angostas- que convierten el mundo en más humano .
El consumismo, llamado también la “muerte dulce”, debe ser desenmascarado, porque influye de forma negativa en la persona humana: se pierde la esperanza y se cifra la felicidad en el “bien-estar” terreno. Se identifica “la calidad de vida” con la comodidad, la autosuficiencia, o el libre ejercicio de la sexualidad, y se afirma que sin estas condiciones no merece la pena vivir. El capitalismo salvaje inventa mercados que generan individualismo y egoísmo , ausencia de objetivos espirituales, e incluso las diferencias Norte-Sur y la explotación del medio ambiente. O los bienes materiales que, en sí mismos son buenos, crean falsas expectativas, restan libertad interior y entretienen con sucedáneos. Y al final, impera “el tener” o “el poder”, cuando en realidad lo importante es “el ser”. Por eso, este verano, seamos más humanos, más solidarios, más sobrios, y así seremos mejores personas, como los peregrinos del VEMF -llegados de los cinco continentes-, en su visita a Valencia.


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