La guardia civil en Cataluña.
José María Fernández.

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Son sanguijuelas. Son sanguijuelas los políticos catalanes. Chupan. Chupan la sangre de España. La chupan y la desprecian. Por menos de nada tienen en la boca un “puta España”, un “españoles de mierda”, un “españoles fuera de Cataluña”. A los funcionarios públicos, a los del antiguo Estado español transferidos a la Generalidad, como siervos de la gleba por cierto, los tenían por invasores peligrosos y de entre ellos, particularmente, a los guardiaciviles porque, entre otras razones, representaban el orden, el orden del Estado y obedecían unas consignas de actuación que tenían como horizonte el mantenimiento de un país cohesionado que no dependía de los clanes de las autonomías nacionalistas y periféricas. Y, para colmo, hablaban español, lengua maldita en Cataluña.
Un buen día echaron a la Guardia civil de Cataluña. La echaron. La echaron por uno de esos pactos políticos que ellos dicen que son de progreso, o progresistas.
Echaron a la Guardia civil y montaron su propia guardia, unos chicos catalanes, con uniforme, con carnet de catalanidad, con la consigna grabada en el alma de no hablar una sola palabra de español, sólo catalán y los políticos nacionalistas dijeron al mundillo de los ciudadanos que pueblan las tierras catalanas que habían desterrado las ideas retrógradas y fascistas y en su lugar (conquista de la Generalidad) insuflado un aire nuevo, moderno, progresista, con ideas renovadoras y visión de futuro. Dijeron: a la mierda los funcionarios del Estado, la Guardia civil y saludaron con júbilo a los Mozos de Escuadra, aunque escrito en catalán; por descontado.
La Guardia civil se fue vejada y denostada en muchos casos, pero Cataluña ya tenía una policía moderna, acorde con los tiempos. Y, como el dinero provenía de todos los españoles, decidieron pagar bien, muy bien a los guardias autonómicos, a los Mozos.
Los Mozos bien pagados se durmieron en las mieles del ocio, o en la desesperación de un oficio no aprendido, o en la impotencia, o en la autocomplacencia, o en las disputas interiores, o en el goce del certificado de efectividad que gratuitamente les fue otorgado y los cacos empezaron a hacer su agosto durante todo el año con palizas, con secuestros, con robos a chalés, con violencia.
Cataluña se convirtió en un lugar inseguro, como de “balaceo” mexicano, como de ley del más fuerte, como de ley de guerrilla urbana, como campo de aprovisionamiento de dinero y joyas de todos los mafiosos y aguerridos luchadores del nacionalismo estúpido que asoló las tierras en las que mandó un día Tito.
Cataluña tenía una policía progresista, pero que no sabía y no podía defender a los ciudadanos. Es decir, no tenía ni policía que se precie, ni defensores del orden.
Con los “congojos” puestos en ese sitio, la Consejera, Tura, pide a España que vengan efectivos de la guardia civil a restaurar el orden. A chupar de España. A chupar. Y se le promete a la Consejera que se mandarán a Cataluña 367 guardia civiles que acaban de salir de las academias de Baeza y Valdemoro. Terrible ironía. 367 guardias sin pedigrí catalán. 367 guardias que hablan español. 367 guardias de sangre fascista a arreglar en entuerto que no saben deshacer los Mozos. Terribles ironías.
Y la Consejera de Interior, la Honorable Tura, espera que “el despliegue de estos 367 guardia civiles traslade a los delincuentes a otras zonas”, otras zonas que, por exclusión, serán zonas del resto de España. Cinismo a raudales. El mismo cinismo, el mismísimo que tuvo Carod cuando pactó con la ETA que no harían terrorismo en Cataluña, que matarían en España. Cataluña libre del terror de ETA.
Y encima nos tratan de idiotas. Nos dicen que el estatuto no es insolidario con el resto de España…, ergo, el que vote sí a Estatuto es que es un nacionalista e independentista cerril o una persona sólo apta para vivir en tribus aisladas, no en países cultos del siglo XXI.
Y Zapatero, mientras tanto, con el talante; una por detrás y otra por delante.