El problema del desarraigo familiar:

El problema del desarraigo familiar:Viajaba con unos amigos camino al Valle de Arán y uno de ellos me contó la historia de un autostopista al que recogió en uno de sus viajes.
El chaval, alemán de algo más de veinte años, le abordó en una gasolinera por si le acercaba a Zaragoza, mi amigo le hizo un hueco y le acercó. El chaval contó que estaba recorriendo Europa con saco, mochila y tienda, este verano. Hablaron de la familia y el joven le contó la razón de su viaje. Vivía con su madre, pero ella se había casado con otro que no era su padre y se había tenido que ir de casa. Se sentía desarraigado y necesitaba aclarar su cabeza. Era muy duro no importar a nadie. ¿Y tu padre? No lo conozco.

Mi amigo estaba preocupado porque llegaba tarde a casa, los niños acostados, aunque su mujer le esperaba para cenar juntos y charlar; se quedó muy triste, le pidió el e-mail para poder animarle. Y así lo hizo durante un tiempo hasta que recibió un e-mail del muchacho en el que le decía que había decidido estudiar filosofía y que le agradecía su apoyo y cómo había suplido su falta de familia.

Mi amigo me comentó que tenemos un gran tesoro con la institución familiar, que da arraigo y seguridad a sus miembros y que no entendía cómo el Gobierno no lo veía así y en vez de apoyarla la intentaba debilitar. ¡Dan tanta pena las personas desarraigadas!

Federico R. de Rivera