EUROCOMUNISTAS

El comunismo acabó, según parece, cuando el Muro de Berlín cayó estrepitosamente hace años.
Ya venía siendo socavado por los mismos comunistas cuando se pusieron la careta del eurocomunismo para no aparecer tan fieros como eran en realidad.
El padrecito Stalin les había dado la consigna de introducirse en la “instituciones burguesas”, aunque tuvieran que tragarse sapos y culebras..
Y gracias a esa careta y a la traición y cobardía de los gobernantes españoles de aquellos años, volvieron triunfantes a sentarse en el Parlamento la Pasionaria, Carrillo, Alberti y otros colegas suyos, tan comunistas como ellos, que procuraron no alzar mucho la voz porque el Ejército que existía, y del que no se fiaban, les hizo tragarse Corona y Bandera.
Pero los sucesores de Carrillo –el de Paracuellos- vuelven a levantar la voz creyendo que los españoles no saben lo que es el comunismo.
Los comunistas, socialistas y masones han tenido siempre, entre ceja y ceja, el propósito de acabar con la Iglesia.
El jefe de ese residual partido comunista que aún queda en España, Llamazares, reeducado en el comunismo cubano, ha tenido la disparatada ocurrencia de presentar en el Congreso una proposición de ley para suprimir todos los privilegios de que goza la Iglesia Católica en España, quitándole la asignación económica, obligándole a que devuelva al Estado, por vía de compensación, el dinero invertido en obras de restauración de templos y catedrales y –pásmense ustedes- ¡a que ceda su titularidad a las instituciones públicas!
No me explico para qué quiere Llamazares que la Catedral de Sevilla pase a ser propiedad de la Consejería de Turismo, o de Comisiones Obreras, o de la Asociación de vecinos demócratas del Barrio de la Macarena.
Yo no me fío mucho de tal cambio de titularidad, porque ya sabemos lo que hicieron los correligionarios de Llamazares cuando antaño fueron propietarios de templos y catedrales por el expeditivo método de aplicarles la tea incendiaria.
Ni tampoco me explico qué va a hacer con los Curas -que se quedarían sin templos ni catedrales- si convertirlos en porteros o guías de tales edificios, mandarlos al desempleo o, dicho brutalmente, darles matarile.
Parece mentira que la vuelta atrás en la Historia de España, propiciada desde hace dos años por el Gobierno socialista, haya hecho concebir en alguna mente desquiciada tamaño disparate.

10 Julio 2006

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