Javier Urra Portillo: «Hemos pasado de obedecer a los padres a obedecer a los hijos»

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Javier Urra Portillo / Psicólogo (Estella, Navarra, 1957) / Casado y padre de dos hijos / Tuvo una infancia «feliz, de campamentos de verano» / Primer Defensor del Menor en España / El filósofo José Antonio Marina lo definió como «un activista educativo» / Su último libro, 'El pequeño dictador', retrata a los adolescentes de hoy / Admite que no es fácil «entender a los jóvenes» / Es optimista: «La mayoría de los chicos son fabulosos» / Su sueño: «Defender los derechos de los menores»
/ UNA ENTREVISTA DE EUGENIO CABEZAS

Juventud, ¿divino tesoro?

(Ríe) Sí, sin duda. Los jóvenes de hoy día son, en general, fabulosos, deportistas y solidarios, participan en ONG y movimientos sociales... El grupo de adolescentes que retrato en mi libro 'El pequeño dictador' no son mayoría. Pero sí un número creciente. Y eso es lo que me preocupa.

Su libro tiene dos subtítulos: 'Cuando los padres son las víctimas' y del niño consentido al adolescente agresivo'. Pero, ¿cómo diferenciar a un niño consentido de un niño tirano?

Todo niño, por el hecho de serlo, tiende a ser inicialmente egoísta y también caprichoso, y en algunos casos, es consentido. Si ese consentimiento viene provocado por los padres o por el entorno familiar, podría llegar a convertirse en un niño tirano. Se puede ser caprichoso y no tirano, pero desde luego no se puede ser tirano si no se ha sido caprichoso.

Habla del entorno familiar. Actualmente, hay poco tiempo para estar con los hijos, rupturas familiares... ¿No es un panorama desalentador?

Tenemos un panorama dudoso. Por un lado unas familias magníficas, unos hijos sanos, estudiosos, nunca tan bien preparados, comprometidos, pero también tenemos un grupo de jóvenes patéticamente incultos cuyo principio filosófico es primero yo y luego yo, muy nihilistas, muy hedonistas, que cuando se les pregunta qué quieren ser de mayores dicen 'ricos'. Me asustan.

¿Existe receta para educar a los hijos?

No hay una fórmula mágica. Los padres educan pero también lo hace la sociedad. La ciudadanía ha dado un paso hacia atrás cuando no se atreve a recriminar a un joven que comete hechos contra la urbanidad, por miedo a ese joven y a la respuesta que pueda dar su padre.

¿Cree que hay soluciones para esto?

Tenemos que armarnos de fuerza moral y como padres dar buen ejemplo a los hijos. En segundo lugar, falta una estructura social importante y que los derechos del grupo se impongan sobre los derechos individuales. En España, se ha producido un auténtico seismo en facetas como el respeto, la autoridad y los valores. Hemos pasado de obedecer a los padres a obedecer a los hijos.

Habla de autoridad, ¿incluye ahí el uso del famoso cachete al niño?

Estoy totalmente en contra del uso de la violencia con los hijos. El cachete es poco eficaz. Lo que se necesita es sancionar de manera más coherente, inmediata y rotunda. Ante todo, con seriedad y diálogo.

Pero, ¿cuándo deben los padres preocuparse por la conducta de un hijo?

Cuando se den cuenta de que los que están a su alrededor los miran con perplejidad. Entonces, podrán preguntarse: '¿Qué nos está pasando que no nos damos cuenta de algo que a los demás les llama la atención?' Si es un bebé, que no sólo llora, sino que reta a los padres y estos no pueden convencerle. El niño se vuelve menos cariñoso, y tiene todas las papeletas para ser un tirano.

Entonces, ¿cuál cree que debe ser la relación ideal padre-hijo?

Muchos jóvenes son niños, pero es que muchos padres también lo son, no asumen la responsabilidad que conlleva. Adoptar la figura del padre-colega-amigo es un grave error que cometen muchos progenitores. Hay que ser padres, intentar ser amigos, pero sabiendo que tenemos obligaciones y no podemos sustituir a otros amigos de nuestro hijo.

Muchas voces culpan de los brotes de violencia juvenil a la impunidad que provoca la Ley del Menor...

Esto es peligroso. La legislación puede endurecerse, como se ha hecho en cuatro ocasiones en los últimos años, pero tampoco es la solución. Hace falta poner a los jóvenes ante los demás, lo que no supone ser más duros, sino no caer en la dejación. No por mejorar los hospitales habrá menos muertes en las carreteras.

Pero, ¿qué lleva a un joven a grabar un acto vandálico en su móvil?

(Silencio) Primero me preguntaría que para qué quiere un chico de quince años un móvil con cámara de vídeo. Pero bueno, nos guste o no, vivimos en un mundo dominado por la imagen. Los jóvenes creen que si lo graban por el móvil es algo virtual, que no ocurre en la realidad y, por tanto, no se sienten responsables.

El sistema educativo también está en el ojo del huracán. ¿Qué opina del modelo español?

La educación pública está, en líneas generales, bien. Asume las dificultades. Habría que rebajar la ratio de alumnos por profesor o poner más docentes de apoyo. El fracaso y el absentismo escolar existen, pero creo que se deben, sobre todo, a la falta de modernización de los métodos pedagógicos.