LA RUTA DEL ESTATUTO
Cierto día, en mala hora,
Zapatero oyó el clamor
de un pueblo que le pedía
tener su propia Nación.
Era el pueblo catalán
y habló, como Portavoz,
Maragall el Honorable
quien le pidió por favor
que, aquellas aspiraciones
que de su pueblo escuchó,
no las echara en olvido
pues era la situación
delicada y Cataluña
no aguantaba tal tensión.
El Estatuto era viejo
y otra la situación,
las competencias muy pocas
y la asignación menor
y, además, no recogía
esa gran aspiración
de ser anejo de España,
siendo ellos de otra opinión,
por lo que querían ser
otra distinta Nación.
Zapatero, oyendo aquello,
en la primera ocasión
dijo, de modo muy claro,
que, oída su pretensión,
la apoyaría con gusto,
si esa era su ilusión
con tal de que el “Parlament”
la aprobara con fervor.
Y ante aquel disparate
-que nunca jamás se vió-
con un noventa por ciento
el Parlamento aprobó
un Proyecto de Estatuto
donde el dislate mayor
era decir claramente
que Cataluña es Nación.
Se presentó el Proyecto
en Cortes y se aprobó
pero Zapatero y Más,
a la espalda de Carod,
limaron las asperezas,
y el Bigotes no tragó.
Dos años dando la lata
al pobre pueblo español,
sin que pudiera decir,
con clara y potente voz,
que, sin él, no se rompía
la unidad de la Nación,
porque eso era romper
la misma Constitución,
la que el pueblo soberano
dicen que un día se dió.
Pues ayer los catalanes
con su voto han dicho NO,
ya que sólo un tercio de ellos
por el SI se pronunció..
Y ahora ¿qué va a pasar?
Con tan corta votación
tendrán los separatistas
nula legitimación
para imponer a los suyos
la más abyecta opresión,
empezando por su lengua,
desterrando lo español
y, lo más triste de todo,
es que han roto la Nación.
Zapatero ha quedado
como un perfecto felón.
19 Junio 2006


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