¿Qué hacemos, amigos...?

A mediados de la semana pasada una gran parte de la población empezó a disfrutar unas vacaciones que, aunque cortas, prometían descanso a base de cambiar de horizontes. No se logró cubrir todos los objetivos en muchos casos pues la meteorología abrileña se mostró reacia a mantenerse en unos límites bonancibles. El resultado fue que, en algunos lugares, se acudió a la playa con gabardina o paraguas. Pero, a pesar de todo, se pudo disfrutar de las vacaciones aunque fuera de forma algo distinta a lo que se había pensado. Desgraciadamente, los accidentes en las carreteras han sido numerosos, con gran cantidad de muertes y personas heridas. Las llamadas a la prudencia, por parte de Tráfico, fueron muchas pero, por desgracia, no han dado el resultado deseado. Hay muchos coches en la carretera y también es mucho el deseo de llegar pronto a destino para descansar, pero..., ¿se va con todo cuidado?.

Tal vez nos ocurre que pasamos a poner nuestra atención en lo que es secundario y se deja de lado, o se cuida menos, lo que es más importante. Cuidar de la vida propia y de los que nos acompañan en un coche está muy por encima del deseo de disfrutar de unas pocas horas más de sol en la playa. Cuidar del fortalecimiento del espíritu también es una necesidad vital y, sin embargo, a veces se deja de prestar a ella la atención que requiere. Es más, se la olvida totalmente o se la deja relegada a un último lugar. A ese para el que nunca se encuentra tiempo porque la vida se dedica a llenarla con otras sensaciones que tienen poco de espiritual; quizá nada y hasta puede que sean contrarias a ese fortalecimiento interior que toda persona necesita para afrontar, con seguridad y equilibrio, su diario quehacer.

Estos días pasados, los cruciales de la Semana Santa, nos han ofrecido la posibilidad de llenar y reforzar nuestro espíritu con valores tales como el servicio a los demás, el del amor fraterno y hasta el de la entrega de la vida propia para la salvación de la de otras personas. Quizá no haya sido aceptado ese ofrecimiento porque se tenía otro plan; el del descanso en la playa o en la montaña, o tal vez el de un turismo verdaderamente atractivo. Pero se olvidó, o se dejó de lado, lo que era más importante para la vida de las personas: el fortalecimiento del espíritu con las enseñanzas que proporcionan días tan señalados como el Jueves Santo, Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. ¿No nos dimos cuenta de ello?.

Quizá no se haya hecho llegar a toda persona esa necesidad que tiene de fortalecer su espíritu. Tal vez ha faltado que otra persona se haya preocupado de decírselo, con ese cariño del que está lleno todo cuanto se hace en beneficio de los demás, sin condición alguna, sin esperar nada a cambio; sólo por el deseo de hacer el bien, llevando a otras personas, con toda humildad, lo que se sabe que es bueno para sus almas. Y a veces uno se olvida de ello.

Somos así de descuidados. Oímos cosas que dicen para nuestro bien, pero no hacemos todo el caso que se debe y vienen las tragedias; en las carreteras y también fuera de ellas, pues las personas corremos muchos peligros en todas partes. ¿Qué hacemos..., amigos, para ayudar a superarlos?. Hay quien espera tu ayuda.

Manuel de la Hera Pacheco.- 17.Abril.2006.-