Si José Antonio Alonso es Fouché, debe coger la puerta e irse

Alfonso Basallo

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No es la primera vez que el PSOE se deja llevar por la tentación represora. Los creadores del GAL y de la patada en la puerta de Corcuera ponen de nuevo a la policía a su servicio.

11 de mayo de 2006. Lo cuenta Elia Kazan en su magnífica ¡Viva Zapata!: la metamorfosis del revolucionario en déspota represor (un Marlon Brando bronceado y con bigotes de guías caídas). Uno está en el monte, con el alma alerta y la espuela calzada, con inquietudes socializantes e ilusiones buenistas, de repartir el botín entre los pobres; pero llega al poder, y cambia la silla de montar por el trono y el decreto-ley y... ¡adiós ideales!

Eso es exactamente lo que le pasó a todos los Zapatas que en Iberoamérica han sido: Castro, antes; luego, Lula; mañana, Evo Morales... y si no, al tiempo.

Lo que les ha pasado también a todos los socialistas. En América, Asia, Africa, Oceanía... y España. Tan pronto como estrenan moqueta y abren los telediarios cambian la justicia social por el capitalismo más descarnado, y la libertad por la porra.

Lo cual no ocurre nunca con la derecha, pese a sus muchos pecados. Acuérdense de FG, pactando con la banca con la mano derecha y nacionalizando Rumasa con la izquierda. Después, los socialistas, tan buenistas, tan progres, tan robinhood, fueron los únicos que se saltaron a la torera la ley y el Estado de derecho recurriendo a métodos mafiosos y represivos, como los GAL, en la guerra sucia contra el terrorismo. Por ironías del destino, los psoes terminaron afeitándose la barba roja y aplicando métodos franquistas, como la patada en la puerta de Corcuera, con el perfume pútrido del TOP, el siniestro Tribunal de Orden Público del Caudillo.

Nada de esto parecía ir con el melifluo Sonrisas de La Moncloa. Negociaba con ETA, se cepillaba la unidad de España, reestrenaba la comedia guerrista Montesquieu está debajo de un almendro, pero sin un mal gesto, con una amabilidad y una exquisitez, que hasta te veías obligado poco menos que a darle las gracias...

Hasta que llegaron las detenciones ilegales de los militantes del PP. Y tras la careta, entre simpática e ingenua de Mr. Bean, cabía adivinar el rostro de Fouché, el implacable sayón policiaco de la Revolución Francesa y Napoleón.

Zapatero ha tratado de frenar la marea de responsabilidades políticas, con el cese –qué menos- de Constantino Méndez, la eficaz calculadora de manifestantes por metro cuadrado. Pero el grave asunto deja en evidencia toda una forma de entender la política. El aparato represor al servicio del poder. Asunto del que debe saber mucho don Alfredo, el actual responsable de los policías, el ministro que guardaba la viña de González, cuando las preguntas incómodas sobre los GAL.

En cuanto su antecesor, Alonso, lo honesto, lo democrático, es dimitir. Como Emiliano Zapata.