La clave sigue siendo Navarra
Lorenzo Contreras
http://www.estrelladigital.es/a1.asp?sec=opi&name=contreras&fech=16/05/2006
Las primeras reacciones en torno a la entrevista de ETA con el director del periódico abertzale Gara no han servido gran cosa, más bien nada, para despejar las incógnitas del futuro. La banda ha procurado mantener en alto el hacha que conforma su símbolo, pero le va a ser difícil conservar su crédito pacificador si retrocede en su oferta del 22 de marzo. Y el Gobierno da la impresión de que prefiere no darse por enterado de las advertencias recibidas y del relativismo que la organización etarra introduce en los contenidos de aquel mensaje inicial. Habrá que estar a la espera de lo que Zapatero manifieste cuando comparezca ante el Congreso de los Diputados para anunciar —si lo hace, como parece así será— el comienzo del diálogo con ETA. Un diálogo oficial que no haría sino proporcionar formalización a lo que ya se ha dialogado entre el Gobierno y ETA en la sombra, como la propia banda revela cuando dice, a través de sus portavoces, en Gara, que “ha llegado el momento de materializar los compromisos en el proceso democrático”. O sea, que los compromisos se han establecido y, por consiguiente, Zapatero va a tener difícil la tarea de facilitar una explicación convincente respecto a lo mucho que negó en el reciente pasado sobre sus contactos y anticipo de precios políticos a cambio de la tregua permanente diseñada.
Decir a estas alturas, como hace ETA, que sigue en pie la pretensión territorial sobre Navarra y sobre la autodeterminación soberanista no puede sorprender a nadie. Navarra es pieza clave en el llamado “proceso” para la solución del también llamado “conflicto”. Nada nuevo. Más de lo mismo. En su famosa entrevista-libro Mañana, Euskal Herria, Arnaldo Otegi, portavoz de Batasuna, adelantó este concepto en los siguientes términos: “Nosotros nunca vamos a renunciar a que Iruñea (Pamplona) sea la capital del Estado vasco”, para añadir lo siguiente: “Sin Navarra no hay solución, no hay proceso, no hay acuerdo”.
En ese punto y en la autodeterminación como derecho irrenunciable para los nacionalistas etarras reside la clave del aviso lanzado por los dos interlocutores del director del periódico Gara. Lo demás —amnistía de presos, extorsiones financiadoras de la banda, no irreversibilidad del alto el fuego, renuncia del Gobierno a la represión policial, etcétera— son cuestiones de menor entidad por mucha que sea la importancia que se les conceda.
En definitiva, la territorialidad lo resume todo. En la valoración facilitada por Batasuna sobre la entrevista de los dos portavoces etarras, el dirigente Sabih Sarralde dice: “Batasuna considera que la clave está en Euskal Herria (totalidad del territorio considerado vasco —incluida Navarra— a ambos lados de los Pirineos y que es necesario (…) configurar una mesa de partidos para que ese proceso político avance. Esa mesa debe constituirse sin ningún tipo de exclusión (vasca), garantizando a todos los agentes vascos y a toda la ciudadanía (vasca) el derecho a participar”.
Nuevamente, por tanto, aparece la idea de la territorialidad y la autodeterminación, auténticas garantías del independentismo en toda su amplitud.
Lo que ha manifestado la vicepresidenta Fernández de la Vega (“no hay que adelantar ninguna fase”) o el secretario de Organización del PSOE, José Blanco (“al PSOE le interesa lo que hace y lo que no hace ETA) es puro verbalismo sin fundamental contenido. Las distintas proclamas sobre la inexistencia de precios políticos para llegar a la paz es mero voluntarismo oficial que trata de hacer creer algo tan increíble como que ETA y el resto del nacionalismo vasco van a contentarse con abaratar la enorme ambición que ha presidido una lucha de cuarenta años, por muy injusta, cruel e incalificable que haya sido.
Por supuesto que habrá problemas antes de llegar a un final del llamado conflicto y que una palabra importante se va a reservar el mundo organizado que agrupa a las víctimas del terrorismo, cada día más influyente. Mientras tanto, la polémica va a proseguir sobre la superficie de los acuerdos invisibles y profundos. De nada sirve que el PP, por boca de su secretario de Organización, Gabriel Elorriaga, pida que el Gobierno de Zapatero “desmienta tajantemente” que ha entablado compromisos con ETA.
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