Los Institutos que investigan a Zapatero
Alguien podrá pensar que es una casualidad, pero el título del Festival de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas que se celebrará en Alicante el próximo mes de julio es «El mundo nuestro país, por una nueva alianza de la humanidad».
El otro analista que ha señalado la inspiración krausista de nuestro actual Gobierno es Fernando de Haro que sitúa las raíces de la reforma de la contrarreforma educativa (es decir, la LOE) en la Institución Libre de Enseñanza: versión española del pensamiento krausista. So pretexto de que el educador ha de ser neutral (lo cual es imposible), los profesores de la Institución debían ser meros transmisores de conocimientos.
Como muestra del influjo institucionista, nos ofrece De Haro un extracto del artículo 2 de la LOE: la educación en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad, dentro de los principios democráticos de convivencia y en la prevención de los conflictos y en la resolución pacífica de los mismos. O sea, la nada como valor principal.
No contentos con estas interpretaciones, hemos consultado a otros maestros de la filosofía. El catedrático de Filosofía del Derecho, Ignacio Sánchez Cámara ha puesto de relieve algunos aspectos del pensamiento que aflora en determinadas declaraciones del presidente Zapatero. En concreto, explica Sánchez Cámara, nuestro máximo dirigente político da por zanjado un concepto milenario y precristiano, el de la ley natural.
Esta posición, nos dice un amigo muy letrado, se debe sin duda a que ZP es extremadamente racionalista. De ahí que primen sus ideas sobre la realidad. Ello explica que su Patria sea, un día, la libertad; al día siguiente, el mundo; y si las cosas se ponen feas (por ejemplo, para la OPA de Endesa), proclame su patriotismo español. En este punto del análisis, me ha venido a la mente la parábola del racionalista que expone G.K. Chesterton en La esfera y la cruz.
Ya saben, el cuentecillo que el escritor británico finaliza con un párrafo dirigido a los racionalistas: «Les dejamos a ustedes diciendo que nadie debe ir a la Iglesia contra su voluntad. Cuando les encontremos de nuevo, estarán ustedes diciendo que nadie tiene la menor voluntad de ir a ella.» Y hemos pensado que esta paradoja le sienta estupendamente a nuestro presidente de Gobierno.
Finalmente, y llegando a la filosofía más contemporánea, hemos llegado a la conclusión de que Zapatero es, en realidad, un posmoderno. Ya sabemos que esta posición intelectual no cuadra con el racionalismo pero no me digan que nuestro presidente no es el vivo retrato del icono de la posmodernidad, fray Guillermo de Baskerville, el monje de El nombre de la rosa, la obra de Umberto Eco.
Y si no lo creen, lean lo que dice fray Guillermo a un discípulo: Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que estos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad.


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