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Así fue como la “euroburocracia” destruyó Lisboa
Giorgio Vittadini

Ya es bien sabido que la inversión en capital humano, entendido como el incremento de la capacidad laboral y profesional que se obtiene a través de la instrucción y la formación profesional, lleva a un incremento de la productividad. Se estima que el aumento de un año en la educación de los países OCDE podría provocar, a largo plazo, un incremento del output económico entre el tres y el seis por ciento.

No obstante, el documento Facing the challenge (Afrontando el reto), que se presentó en la Comisión Europea junto al working paper “Progress towards the Lisbon objectives in education and training” y al informe de la OCDE sobre estrategia de Lisboa en el año 2000, muestra que ésta puede llegar a ser en el 2010 la región del mundo con las más altas inversiones de capital humano, algo que parece ser todavía utópico.

El motivo principal parece ser la ausencia de una acción política con objetivos claros y la falta de voluntad de compromiso con la libre iniciativa.

El acuerdo alcanzado durante el Consejo Europeo del 15-17 de diciembre de 2005 prevé un complejo reparto de 72,12 millones de euros dedicados a la estrategia de Lisboa. Sobre la base de tal propuesta avanzada por la presidencia británica, pero ya rechazada por el Parlamento, existe el gran riesgo de que algunos sectores prioritarios en Lisboa (redes transeuropeas, investigación, competitividad, innovación, educación y formación) puedan verse penalizados. Igual que otros objetivos, como la inversión en educación e investigación, la eliminación de barreras, el incremento de la población activa, la garantía del uso eficiente, seguro y sostenible de la energía, parecen utópicos.

Por esto un personaje tan prestigioso como Mario Monti, ex comisario en Bruselas, ha afirmado que la estrategia de Lisboa es “una idea óptima que hasta ahora ha demostrado una modesta eficacia”, subrayando que el crecimiento económico y ocupacional aún no se ha conseguido.

La falta de este tipo de opciones se debe en parte a la incapacidad para valorar a quienes son “capaces y dignos de mérito”. En este punto la Unión Europea, dominada por los gobiernos y la burocracia, se encuentra en las antípodas de los Estados Unidos y ha pensado, como otras veces, conseguir sus objetivos siguiendo un método burocrático y centralizado, sin contar con la participación de los ciudadanos, de la libre iniciativa y de la subsidiariedad horizontal.

Giorgio Vittadini es presidente de la Fundación para la Subsidiariedad

(publicado en Atlantide, revista de la Fundación para la Subsidiariedad. Traducido por Carolina Gómez)