En un arrebato de confusión, un Ruiz Gallardón, descentrado por las alabanzas de Prisa, creyó, hace tres años, que su personalidad era tal que podía enfrentarse con éxito a Esperanza Aguirre –que sí representa a los militantes del PP– para conseguir el liderazgo del PP de Madrid. Fue laminado. No le apoyaron ni sus hombres de confianza. Pero Mariano Rajoy lo rescató, como representante no se sabe muy bien de qué ni por consejo de quién. leer más pincha aquí
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