La ofensiva mundial contra la vida: su agenda al descubierto
En un e-mail nos escriben desde Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida, www.provida.es/valencia lo siguiente:
Adjuntamos por gentileza de Magaly Llaguno de VHI las declaraciones realizadas en Uruguay por una de las máximas responsables de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF). La IPPF es uno de los principales lobbies abortistas del mundo. En España la IPPF colabora con la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), al mando de la abortista radical Leyre Pajín (la que se hizo la foto con la vicepresidenta De la Vega en Kenia) en programas de ayuda al desarrollo que incluyen la difusión del aborto. La IPPF también colabora en España con una asociación con sede en Barcelona que se dedica a difundir los métodos naturales.
Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida
Agenda Radical
Boletín informativo Nº 198 - 27 de marzo de 2006
Edición del Colectivo Militante - Por la unidad de los revolucionarios
Montevideo - Uruguay
Suscripciones: agendaradical@egrupos.net
Semanario Brecha, Montevideo, 24 de marzo de 2006:
Con Carmen Barroso**
Las múltiples éticas
Vino a Montevideo a presentar un informe sobre aborto realizado por una institución internacional de la que es su directora regional.* Mantuvo reuniones reservadas con autoridades sanitarias y legisladores, y conversó con BRECHA sobre los problemas que genera la criminalización de esta práctica.
Mariana Contreras
—¿Cuáles son las principales conclusiones del informe que vino a presentar?
—El informe es un balance general de la situación actual del aborto que comprueba que éste sigue siendo un problema grave de salud pública. Algo que ya sabíamos desde 1994 cuando 180 países firmaron el Acuerdo del Cairo.
Pero los datos recabados muestran que el aborto también es un problema de justicia social: las mujeres más pobres son las que recurren al aborto inseguro (bajo condiciones inadecuadas), y las que practican maniobras abortivas, lo que muchas veces produce su fallecimiento o serias consecuencias en su salud. Por eso el título del informe, “Muerte y negación”. Las mujeres ricas, aun cuando el aborto no es permitido por la ley, tienen siempre la oportunidad de encontrar una salida segura aunque sea a un alto costo.
El cambio político en Estados Unidos, con George Bush, ha traído un conservadurismo general que se difundió por todo el mundo. La plata que el gobierno estadounidense dispone es usada para forzar esta ideología. Existe una ley “mordaza” que prohíbe a las entidades dedicadas a la planificación familiar financiadas por el gobierno estadounidense defender la despenalización del aborto, o informar a las mujeres sobre su derecho al aborto seguro, aun en caso de violación. El castigo por incumplimiento es la suspensión de la subvención. Es una ley que prohíbe la libertad de expresión, la comunicación directa de médicos y pacientes y que ha tenido una influencia muy grande en muchos países. Pero por suerte los gobiernos europeos hace poco dijeron basta y decidieron apoyar con recursos a aquellos que quieren trabajar para hacer el aborto seguro más accesible y legal. Este es el momento oportuno para cambiar la situación.
—¿Por qué esa decisión que los enfrenta no sólo a Estados Unidos sino también al Vaticano?
—El aborto es legal y seguro en todos los países europeos, salvo en Irlanda y Malta, en donde aún hay restricciones. Lo que no había antes era clara visibilidad de la gravedad de este problema en el exterior. Algunos países están cambiando sus leyes, hay progreso, pero es muy lento.
—Pero no es ésa la situación en América Latina, un continente en el que la Iglesia tiene mucha influencia.
—Cada vez más la opinión pública se libera de los dictámenes de la Iglesia. En los países en los que se han hecho investigaciones de opinión pública lo que se encuentra es que aunque sean católicas dicen “decido con mi conciencia. La Iglesia no va a cuidar los hijos que yo tenga, los padres no van a sustentar a mi familia, entonces decido yo”. El control que tenía la Iglesia de la conciencia individual es cada vez menor.
Pero a nivel de los gobiernos la Iglesia todavía tiene una fuerza grande, porque a los políticos les da miedo enfrentarla y cada vez que se sienten vulnerables en otros sectores quieren fortalecerse apoyándose en ella. Esto es lamentable pero es cierto. Los intereses de las mujeres son los últimos en ser considerados en las negociaciones políticas. Acabo de leer el documento sobre Uruguay que Niki Johnson preparó para la Comisión Nacional de Seguimiento y me espanta que el país que primero reconoció en América Latina la igualdad política de hombres y mujeres siga con tan poco progreso en este sentido.
—En Uruguay se plantea la posibilidad de legislar en torno a la salud y los derechos sexuales y reproductivos dejando afuera el tema de la despenalización del aborto, ¿qué piensa de una propuesta así?
—Cabe a los uruguayos elegir las tácticas específicas en cada momento. No conozco lo suficiente la política local para saber si es posible avanzar más o no. Con este informe queremos contribuir al debate uruguayo trayendo los hechos, la realidad que las mujeres sufren como víctimas de la clandestinidad del aborto. Nos preocupa mucho que en el siglo xxi haya un retroceso en la concepción que respeta los hechos de la ciencia antes que los valores que difunde la ideología. Esto pasa claramente en el gobierno estadounidense. No podemos dejar que suceda algo similar en otros países, porque los datos de la epidemiología y de la ciencia social muestran que se trata de una amenaza muy fuerte a la salud y la vida de las mujeres.
—Preguntaba si considera posible tener éxito en el tema legislando en torno a educación sexual, promoción de la maternidad responsable, pero obviando la parte que compete al aborto, tal como lo propone aquí el presidente.
—No alcanza. En la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) tenemos tres lemas: defendemos el derecho, alimentamos el acceso y apoyamos la disminución de la necesidad. Estamos a favor de que se disminuya la necesidad de hacer abortos. Nadie quiere promover el aborto. Sería muy bueno si todas las personas que no quieren embarazarse no lo hicieran. Trabajamos con planificación familiar, incluso la anticoncepción de emergencia, que es muy importante. Si alguien ha tenido una relación sexual sin protección y no quiere embarazarse tiene cinco días luego de la relación para tomar el anticonceptivo y evitarlo. Estamos de acuerdo con la educación sexual, con la divulgación de los métodos anticonceptivos, pero no podemos decir que eso sea suficiente porque en los países donde esto se realiza siempre hay un número de mujeres que termina por diferentes motivos embarazándose. El aborto por ello siempre será necesario, claro que cada vez menos cuanto más información y acceso a técnicas anticonceptivas tenga la gente.
—La discusión sobre el aborto está siempre atravesada por una fuerte carga ética y moral. ¿Valen estos aspectos como argumentos?
—Aquí hay múltiples éticas. Y una cuestión ética importante es la preservación de la salud y la libertad de las mujeres. Estamos en la era donde nos podemos beneficiar de la separación entre el Estado y la Iglesia, donde una ética de una iglesia en particular es respetada pero no es impuesta al resto de la gente. Todos tenemos visiones de lo que es bueno o malo. Hay una organización llamada Católicas por el Derecho a Decidir que muestra que el aborto fue criminalizado muy tarde en la Iglesia Católica. Santo Tomás de Aquino, un teólogo famoso de la Edad Media, aceptaba el aborto hasta los 80 días de embarazo porque consideraba que el alma no estaba en el cuerpo. Lo que queremos es que la gente decida con su conciencia y no con dictámenes que heredaron de su tradición.
—¿Cuál fue el resultado de la despenalización en Europa?
—Casi no existe mortalidad materna y además no aumentó el número de abortos. Muchas veces la gente se opone a su legalización porque piensa que la cifra de abortos va a crecer, pero la experiencia de todos los países que despenalizaron indica lo contrario. Nadie se quiere hacer un aborto si puede evitar embarazarse. Es un recurso para quien no lo puede hacer. Rumania es un ejemplo dramático (véase recuadro): el aborto fue legal por un tiempo, luego ilegal y ahí aumentó la mortalidad y cuando volvió a ser legal ésta volvió a bajar. Es muy clara la correlación entre acceso al aborto legal y preservación de la vida de las mujeres.
* “Muerte y negación. Aborto inseguro y pobreza”, International Planned Parenthood Federation, 2006.
** Barroso es la directora regional de la Federación Internacional de Planificación Familiar.
En Rumania
Tan lejos y tan cerca
Una ley que prohibía el aborto se aprobó en Rumania en 1966. Hubo un aumento dramático en la mortalidad materna: de 80 muertes por cada 100 mil nacidos vivos en 1964 se pasó a 180 en 1988. Después de la derogación de esta ley en 1989, la tasa de mortalidad materna disminuyó a 40 por 100 mil nacidos vivos en 1992, ya que las mujeres pudieron utilizar servicios sanitarios seguros para practicarse un aborto. Se estima que durante el período 1966-1988 20 mil mujeres rumanas murieron como resultado de abortos inseguros.
Fuente: informe “Muerte y negación. Aborto inseguro y pobreza”, IPPF, 2006.
La penalización en el mundo
Tan estigmatizante como inútil
Uruguay no es una isla. Las muertes debidas a la práctica de abortos en condiciones inadecuadas se producen en el mundo entero. Y todo indica que mientras más se penaliza, más mujeres mueren.
87 millones de niñas y mujeres se enfrentan cada año a embarazos no deseados. 46 millones de estos casos resultan en un aborto inducido y de ellos 19 millones se realizan en condiciones de inseguridad para la mujer, el 96 por ciento de los cuales en países subdesarrollados. Por esta causa 70 mil mujeres mueren cada año. Así de contundentes son las cifras del informe de la IPPF.
El trabajo también hace énfasis en la pobreza como “causa y consecuencia” de los abortos realizados en condiciones de inseguridad, a lo que se suman las desigualdades de género, las pautas culturales y religiosas como factores que impiden el control de las mujeres sobre su vida sexual y reproductiva.
La organización, que trabaja en 183 países difundiendo los derechos sexuales y reproductivos y la planificación familiar, promueve la despenalización del aborto a sabiendas de que ambas herramientas –aunque imprescindibles– no son elementos suficientes para evitar los embarazos no deseados. Según el informe “la prueba de que la penalización del aborto no reduce las tasas de aborto, sino que en lugar de ello pone en peligro las vidas de muchas mujeres, puede verse a través de todas las regiones del mundo. En Latinoamérica el aborto es ilegal o está severamente restringido en virtualmente todos los países y, sin embargo, la tasa de abortos es una de las más altas del mundo, excediendo con mucho las de Europa Occidental o Norteamérica”.
En nuestro continente se practican anualmente 3,8 millones de abortos en condiciones inseguras, cifra que contrasta con la de Europa, en donde está legalizado (entre 500 mil y 800 mil según la Organización Mundial de la Salud). En Brasil, “el país católico romano más grande del mundo” y donde la práctica está penalizada salvo en caso de violación o peligro de vida de la madre, el Ministerio de Salud calcula que el 31 por ciento de los embarazos termina en aborto, “lo que significa 1,4 millones de abortos al año, en su mayoría clandestinos”. En Estados Unidos y Holanda, países donde la práctica está despenalizada, la tasa es de 25 y 10 por ciento respectivamente.
Es que Latinoamérica ocupa el segundo lugar en cantidad de abortos (17 por ciento de los practicados en todo el mundo) frente al 5 por ciento europeo. El primer puesto se lo lleva África, continente donde se practica el 58 por ciento de los abortos del mundo, a pesar de que buena parte de sus países lo penalizan. En Nigeria el 75 por ciento de los casos que la oms estudió terminaron con complicaciones como la sepsis, la ruptura cervical, la laceración de la pared vaginal, la perforación uterina con peritonitis o la muerte. En Uganda, donde las mujeres tienen un promedio de siete hijos, el aborto se convirtió en el causante de un tercio de las muertes maternas.
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