“Adopción de embriones: este intento de salvar vidas podría ser heroico, pero no sé si es lo más prudente en estos momentos”. Entrevista a Luis Pastor, vicepresidente de la Asociación Española de Bioética. Agencia Veritas, viernes 18 de marzo de 2005
El vicepresidente de AEBI manifiesta reservas porque las condiciones éticas necesarias para la adopción son "muy difíciles". La disposición de varias parejas italianas, apoyadas por la Comunidad Juan XXIII, institución de derecho pontificio que dirige el conocido sacerdote italiano Oreste Benzi, reabre un debate sobre qué salida debe darse a los embriones congelados sobrantes de las técnicas de fecundación in vitro, desde la reforma legal que planteó el PP en la legislatura anterior.
Este texto legal, al limitar la posibilidad de fecundar más de 3 óvulos por ciclo, planteaba terminar con la práctica indiscriminada de la congelación de embriones sobrantes. Sin embargo, la reforma prevista por el actual Gobierno apuesta por eliminar los límites, con lo que la congelación de embriones se seguirá produciendo, aunque ahora con la posibilidad de investigar con ellos, además de destruirlos o adoptarlos.
En su momento, la Conferencia Episcopal elaboró un texto que fue muy debatido, en el que se proponía como mejor solución la de descongelar a los embriones y dejarlos morir. En este contexto, y con respecto a la iniciativa de don Oreste Benzi, Veritas recabó el parecer del vicepresidente de la Asociación Española de Bioética y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia Luis Pastor:
¿Puede ser la adopción prenatal, dentro de los requisitos éticos, una alternativa a descongelar a los embriones y dejarles morir?
La respuesta es controvertida, en el sentido de que no todo el mundo está de acuerdo: lo que para unos es convincente, para otros no lo es tanto aunque los que opinemos estemos de acuerdo con el principio del respeto al embrión y de su consideración como persona. Dentro de este grupo (los que consideran que el embrión no es persona ni se plantean el debate, o se lo plantean como una de las múltiples opciones), todos también estamos de acuerdo en que el primer paso que hay que dar es el de suprimir la congelación de embriones. El hecho es que eso es una injusticia que se hace con el embrión. Por lo tanto, partimos de la base de que habría que prohibir esa práctica.
A partir de ahí nos encontraríamos con un escenario que nosotros no hemos buscado, en el que determinadas personas han realizado un mal, y en el que nosotros tenemos que intentar resolver qué se hace con los embriones. A partir de ahí vienen los matices. Por un lado, la mayor parte estamos de acuerdo en que la adopción prenatal es una vía intrínsecamente aceptable, que no supone una maternidad de tipo subrogado, sino que se trataría de un acto de heroísmo y de salvación de los embriones.
Ahora bien, por las circunstancias y las consecuencias, no está claro que sea lo más oportuno o lo más viable desde el punto de vista práctico. Por un lado, unos dicen que esto podría retroalimentar la práctica de la congelación, en el caso que se hubiera decidido seguir congelando. Este argumento no era tan válido sobre todo en el escenario que se hubiera dado de haberse llevado adelante la ley que planteaba el PP, que intentaba, por lo menos, frenar la congelación, pero con el nuevo anteproyecto el contexto ha cambiado. El nuevo Gobierno, propone seguir congelando sin ningún tipo de trabas. Por lo tanto, en estos momentos, cualquier tipo de adopción que se lleve ahora a cabo es una opción más, y de hecho, el nuevo texto legal la pone como alternativa, en igualdad de posibilidades que el destino de los embriones para investigación. Esto hace que oponerse actualmente a la adopción prenatal sea una forma de evitar que se pueda utilizar esta para servir de justificación o de "salida airosa" a los que siguen congelando embriones, y que además no piensan detener el proceso.
Pero ¿habría tantas parejas dispuestas a adoptar en ciertas condiciones éticas como para que fuese decisivo el argumento de que justifican la congelación?
Seguramente no. Pero hay una objeción, y es que podría contribuir a que en la conciencia de la gente se mitigara el efecto perverso del mal que supone la congelación, porque "siempre se puede adoptar". Es decir, que podría producir una insensibilización de las conciencias ante un hecho que es gravemente injusto, y contra el que es necesario luchar, que es el de la congelación.
Los que trabajamos en bioética desde el respeto de la vida humana desde el momento de su concepción tenemos la cuestión abierta, y como sabe usted, la Iglesia católica no se ha pronunciado todavía, y tampoco lo ha hecho la Pontificia Academia de la Vida. Sí que hubo en su momento en el l'Osservatore Romano opiniones muy cualificadas en las que se hacía hincapié en esta cuestión, en la que repito los eticistas estamos de acuerdo: la necesidad de no dar "salidas airosas" a los que siguen congelando embriones. De hecho, esto paró entonces a los grupos Provida que planteaban la adopción.
Pero es que no es el único problema: aparte habría que garantizar que la adopción se produjera en condiciones éticamente aceptables: no practicar la selección embrionaria, el consentimiento informado de los padres, no practicar la reducción embrionaria, no implantarlos en mujeres menopáusicas, que no haya maternidad subrogada, evitar relaciones de consanguinidad... Hay que tener en cuenta que, cuando se descongelan, hay embriones que mueren o que aparecen desmembrados, y hay otros que tienen condiciones de viabilidad que los biólogos pueden considerar baja, y que por tanto descartarían, y que sin embargo podrían desarrollarse y ser viables.
Estas condiciones hacen muy improbable o muy difícil la adopción prenatal. Es muy difícil que estos aspectos se regularan. Por otro lado, hay personas dispuestas a utilizarlos en investigación. Y aparte se está cometiendo una injusticia con esos embriones, porque se les está condenando a una muerte lenta.
Ante este hecho un buen grupo de expertos en bioética que están a favor de la vida, han pensado que, considerando que la adopción prenatal podría ser una salida pero que desde el punto de vista práctico no lo es, o que puede ser una salida muy pequeña para unos pocos embriones, y en cambio puede implementar que sigan congelándose, plantearon en su momento (entre ellos me encuentro yo también, aunque antes había sido -y sigo pensando lo mismo- que la adopción prenatal es intrínsecamente buena, aunque las condiciones que hay actualmente la hacen casi inviable) que la mejor opción es la de descongelar y dejar morir.
¿Pero no resulta demasiado duro plantear que la mejor opción sea la muerte?
Hay que tener en cuenta que la situación de los embriones congelados no es una situación neutra desde el punto de vista moral: se les está condenando a una muerte lenta. Hay un encarnizamiento terapéutico contra un ser que desde el punto de vista médico esta en una situación de irreversibilidad. Por tanto, quienes defendemos que dejar morir es la mejor opción, lo que estamos pidiendo es una muerte digna para estos embriones, la mayor parte de los cuales no tiene la más mínima oportunidad de sobrevivir aunque sea implantado.
Por supuesto que la descongelación debe hacerse cumpliendo una serie de requisitos, no de cualquier manera, sino intentando devolver a los embriones al estado lo más cercano posible al de antes de ser congelados, tras lo cual la muerte sobreviene en cuestión de minutos, y eso debe hacerse preservando la dignidad de ese ser humano, que aunque esté en esas condiciones, sigue siendo una persona.
Pienso que el problema con la adopción es que los requisitos éticos imprescindibles para que sea adecuada no van a ser regulados por el Gobierno, que se plantea la experimentación sin considerar al embrión más que como un cúmulo de células. Además, ¿aceptarían las clínicas esas condiciones? Porque la adopción ya se está practicando y en modo alguno se hace respetando estas exigencias.
Sin embargo, en el caso de la Comunidad Juan XXIII, parece ser que se han aceptado estas condiciones éticas.
Sí, en efecto, y es un acto realmente heroico por parte de estas personas el pretender salvar vidas de esta manera. Pero creo que esto ya pertenece a otra esfera, la de las decisiones personales, y no creo que sea prudente proponerlo como solución para acabar con el problema de los embriones congelados. Lo primero es terminar con la congelación de embriones. Esto era lo que proponía la ley anterior, pero ahora el panorama ha cambiado totalmente, y no se descarta que el día de mañana incluso se produzcan embriones a propósito para la investigación. La solución de descongelar y dejar morir junto o la posible adopción se planteó en su momento en un contexto totalmente distinto que hubiera generado la ley anterior, en que primero se hubiera "cerrado el grifo" de las congelaciones, pero eso ya no va a producirse.
En cualquier caso, también cabe decir en referencia a este caso que la Comunidad Juan XXIII, podría tener cierta semejanza con la iniciativa de varias órdenes religiosas, como los mercedarios, que se cambiaban o compraban esclavos para liberarlos, allá por el siglo XV y nadie parece que objete que eso era pervivir el sistema esclavista, aunque considero que las dos situaciones no son del todo análogas.
Por lo tanto, el debate está muy abierto, y por el momento en mi opinión tan ajustada a las exigencias éticas es la opción de dejarlos morir como la de adoptarlos siempre que sea partiendo del respeto al embrión como persona humana y se respeten una serie de condiciones. Lo que sí debe quedar claro es la condena sin paliativos de la fecundación in vitro y de la posterior congelación de embriones sobrantes, como un acto intrínsecamente perverso que esta conduciendo a cosificar y considerar a nuestros hermanos mas pequeños de la especie humana como una subespecie que esta bajo nuestros dominio.


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