Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Historia

Libertad Digital: La memoria historica, exalta a los asesinos y rebaja a las victimas. El Gobierno se identifica con los chequistas.

Libertad Digital: Memoria historica, exalta a los asesinos y rebaja a las victimas

Los partidarios
El Partido Socialista tiene un pasado muy turbio, y quiere esconderlo. Como afirma Pío Moa, PSOE es el partido de la Guerra Civil, es un partido que silencia su termenda historia.
Largo Caballero tiene estatutios y son los responsables de la Guerra Civil, más que Franco.
Las estatua de Largo Caballero, Negrín,
Negrón, extraordianriamente corrupto, stalinista, saqueó el patrimiono nacional, de los particulares, de los montes de piedad.
Según Pío Moa, Garzón es el prevaricador, representa lo contrario en una democracia, es un anti-juez.

El Maquis fue un intento de vuelta a la guerra civil, organizado por el Partico Comunista.

Garzón solo investiga los crimenes de un lado

Santiago Carrillo, es un icono d ela izquierda, recordemos el homenaje que le dió el Gobierno, es el heroe de Paracuellos, es un gran historiador, antes negaba haber odio Paracuellos, y después ella la culpa a la los "incontrolodados, pero eso son mentiras. carrillo no puede borrar la responsabilidad de Paracuellos y sabe muu bien.

Gracias a historiadores como Pío Moa, Stanley Plaine, César Vidal han descubierto la verdad.
En las universidades españolas es muy dificil decir la verdad.

Han propuesto la censura de los libros, Carrillo y Guerra han instigado al asesinato al asesinato,

Carrillo no solo ha organizado las matanzas de gentes de iderechas, pero también de comunistas.comunistas como señalan Lister y otros.

La historio del "mito del Al Andalus" es otra falsificación.

Memoria histórica La mayor matanza cometida en Vizcaya en el siglo XX no fue el bombardeo de Guernica, sino el asalto a las cárceles de Bilbao, controladas por el Gobierno vasco. HACE 70 AÑOS LAS MILICIAS DE IZQUIERDAS ASESINARON A 230 PRESOS INDEFEN

Memoria histórica La mayor matanza cometida en Vizcaya en el siglo XX no fue el bombardeo de Guernica, sino el asalto a las cárceles de Bilbao, controladas por el Gobierno vasco. HACE 70 AÑOS LAS MILICIAS DE IZQUIERDAS ASESINARON A 230 PRESOS INDEFENSOS EN BILBAO

Memoria histórica La mayor matanza cometida en Vizcaya en el siglo XX no fue el bombardeo de Guernica, sino el asalto a las cárceles de Bilbao, controladas por el Gobierno vasco.

HACE 70 AÑOS LAS MILICIAS DE IZQUIERDAS ASESINARON A 230 PRESOS INDEFENSOS EN BILBAO

Ninguna de las instituciones gobernadas por el PNV, ni los Ayuntamientos de Bilbao y Guecho, ni la Diputación de Vizcaya, ni el Gobierno vasco, han programado algún tipo de homenaje o recuerdo a estas personas leer más

Minuto Digital: 04.01.07

La mayor matanza cometida en Vizcaya en el siglo XX no fue el bombardeo de Guernica, sino el asalto a las cárceles de Bilbao, controladas por el Gobierno vasco. Una horda de milicianos socialistas y comunistas asesinó a unas 230 personas. Los ertzainas y los gudaris tardaron más de tres horas en intervenir, ¿por miedo o para no interrumpir la carnicería de vascos españolistas?

El 4 de enero de 1937 había guerra en España, pero fue un día tranquilo, salvo en Bilbao. Por la mañana, unos aviones alemanes dejaron caer varias bombas en Bilbao y poblaciones de sus alrededores, controladas por el Gobierno vasco que presidía José Antonio Aguirre (PNV). El número de muertos osciló entre tres y seis. Las turbas lincharon a un piloto alemán que había saltado en paracaídas, pero no quedaron satisfechas.

Varios grupos de mujeres y milicianos de los partidos de izquierdas marcharon hacia las cuatro cárceles habilitadas en Bilbao para encerrar a los implicados en la rebelión del 18 de julio, a simples sospechosos o a gentes molestas para el PNV y el Frente Popular. En agosto y septiembre ya se habían perpetrado otras matanzas de presos en los barcos prisión de ‘Altuna Mendi’ y ‘Cabo Quilates’. Y en Madrid, las matanzas de presos realizadas bajo la dirección del comunista Santiago Carrillo en noviembre pasado habían segado la vida de miles de personas.

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA Sanz Briz: el ángel español de Budapest

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA Sanz Briz: el ángel español de Budapest
http://agosto.libertaddigital.com/articulo.php/1276232194

Por Fernando Díaz Villanueva
Los héroes existen en todo tiempo y lugar, pero es en las guerras y allá donde se ceba la injusticia donde dan su verdadera talla. A veces hasta pasan desapercibidos y nadie sabe de su gesta durante años. Ángel Sanz Briz, un joven diplomático español destinado en la embajada de Budapest durante la guerra mundial, pertenece a esta última categoría de hombres de acero. Su nombre es desconocido y sólo unos pocos se han preocupado de recordar lo que hizo. Salvó la vida de más de 5.000 judíos jugándose el puesto, la carrera y, por descontado, la vida.

Multiplicó por cinco la lista de Schindler pero en Hollywood nunca le harán una película, porque en Hollywood jamás se acuerdan de los que se llaman Sanz. Hagámoslo nosotros. Se lo merece.

En marzo de 1944 la guerra estaba perdida para el Tercer Reich. Los rusos avanzaban decididos por el este y, al otro lado del canal de La Mancha, se ultimaban los preparativos del gran desembarco de Normandía. Ante tan sombrío panorama Hitler decidió invadir Hungría, el único país de Centroeuropa que se había librado de la zarpa nazi. Entró para saquear y dar buena cuenta de una próspera y centenaria comunidad judía que aun permanecía intacta. Las deportaciones dieron comienzo con el despuntar de la primavera. Todos los judíos húngaros fueron obligados a registrarse, a bordarse en la solapa la estrella de David y, casi de seguido, a embarcar en trenes de ganado que los llevarían hasta el sur de Polonia, hasta Auschwitz. En Hungría no hubo guetos. No fueron necesarios.

Mientras el Gobierno proalemán de Miklos Horthy colaboraba de no muy buena gana con los nuevos amos del país, el cuerpo diplomático se estremecía con los pogromos, las persecuciones por las calles y los campos de tránsito que los nazis húngaros de la Cruz Flechada instalaron para concentrar a los judíos antes de su envío al matadero. En la legación española, que no era ni mucho menos sospechosa de flirtear con los aliados, el encargado de negocios, Miguel Ángel de Muguiro, escribió a Madrid escandalizado por los registros, las palizas y otras especialidades de la casa que los miembros de las SS practicaban con deleite.

En Madrid conocían a la perfección lo que tramaba el "amigo alemán" en Hungría. Un año antes, Federico Oliván, secretario del embajador español en Berlín, había escrito al ministerio de Exteriores pidiendo permiso para ayudar a los pocos judíos que iban quedando con vida en el Gran Reich: "Si España se niega a recibir a esta parte de su colonia en el extranjero, la condena automáticamente a muerte, pues esta es la triste realidad". La colonia a la que se refería eran los judíos sefarditas, herederos lejanos de aquellos que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492.

Tanto Oliván en Berlín como Muguiro en Budapest habían rescatado un viejo decreto promulgado por Primo de Rivera en 1924, en virtud del cual todos los que demostrasen pertenecer a aquella Sefarad errante, obtendrían de inmediato la nacionalidad española. Ocultaban que el efecto del decreto había expirado en 1931, pero en Madrid no se acordaban y los nazis, naturalmente, no lo sabían. Muguiro se agarró a él para solicitar a las autoridades húngaras la protección de los sefarditas. El problema es que en Hungría, sefarditas, lo que se dice sefarditas, había muy pocos. No daban ni para llenar un tren.

Eso no le arredró, se mantuvo en sus trece e informó a Madrid del negro porvenir de la desventurada comunidad hebrea. Haciendo valer su condición de diplomático intercedió a favor de todos los judíos que pudo y culminó su obra apropiándose de un cargamento de niños, 500 exactamente, cuyo destino era una cámara de gas en Polonia. Consiguió visado para todos y los despachó a Tánger, que por entonces era algo parecido a una colonia española. Esta y otras bravatas le granjearon muy mala fama entre húngaros y alemanes, que presentaron una queja ante su superior. Muguiro fue cesado fulminantemente. El puesto se lo quedaba su secretario que, no tan casualmente, estaba metido en el ajo del salvamento a granel de judíos. Se llamaba Ángel Sanz Briz, era zaragozano, tenía 32 años, una mujer hermosa y una niña recién nacida.

El cargo que ocupaba era el de encargado de negocios, clásica covachuela que tienen las embajadas y que no suele servir de gran cosa, pero Sanz Briz le dio un nuevo significado inaugurando un negociado único en su especie, el de salvar vidas. Junto a Giorgio Perlasca, un italiano que había combatido en la Guerra Civil, depuró y perfeccionó los procedimientos de Muguiro. Se trataba de hacer lo mismo pero sin armar escándalo y planificándolo mejor. A Perlasca le nacionalizó español y, para conjurar las habladurías, le contrató en la embajada. Pasó entonces Giorgio, en una mutación onomástica muy habitual en la época de Franco, a llamarse Jorge, o don Jorge, porque tanto él como Sanz Briz fueron siempre y por encima de todo un par de caballeros, en todos los sentidos de la palabra.

Había en Budapest otros diplomáticos embarcados en similar tarea. La embajada de Suecia, por donde paraba Raoul Wallenberg, se convirtió en un tablón al que se agarraron miles de condenados a muerte. En la de Suiza Carl Lutz se inventó los llamados "schutzbriefe", es decir, salvoconductos de protección, que pronto entre los judíos adoptaron el nombre de "certificados de la vida". Ese fue el modelo que inspiró a Sanz Briz. No podía informar al ministro de sus intenciones porque le hubiera supuesto el cese, pero si hacerle partícipe de las "monstruosas crueldades que nazis y cruzflechados están perpetrando en Hungría contra individuos de raza judía". Madrid respondía con el silencio. Ni sí ni no. Algo así como "haga usted lo que crea conveniente pero no enrede más de la cuenta y nos complique".

Lo que no parecía del todo mal en Madrid es que los sefarditas regresasen a su patria, aquella que, injustamente expulsados, habían abandonado cinco siglos antes. Los nazis no terminaban de entender que la España de Franco, a la que habían auxiliado en su cruzada, se preocupase de unos judíos desterrados tanto tiempo atrás. No lo entendían pero tragaban. En 1943 la embajada de Berlín había conseguido sacar de Bergen-Belsen a 365 judíos que, a decir del embajador, eran sefarditas, esto es, españoles, es decir, súbditos de un tipo de quien se decía que el mismo Führer prefería ir al dentista antes que entrevistarse con él. Un caso inaudito y probablemente único en la historia de los campos nazis. Por una vez los presos que entraron en tren salieron en tren y no por la chimenea.

Los nazis de Hungría no conocían el número exacto de sefardíes pero sabían que eran pocos, por lo que estaban dispuestos a transigir. Previo pago, claro. Sanz Briz envió una carta muy educada a Adolf Eichmann, gauleiter (gobernador) de Hungría, acompañada de una importante suma de dinero para asegurarse que los batallones descontrolados de las SS no importunasen a sus judíos. Eichmann era un asesino, un ladrón y un sinvergüenza, un desecho humano de pies a cabeza, pero procuraba guardar las formas, especialmente si las formas se las había cobrado con antelación.

Las autoridades, debidamente reblandecidas con dinero y cortesías, otorgaron al representante español un cupo de 200 personas, que era, más o menos, el número de hebreos de ascendencia sefardí en todo el país. Sólo podía emitir 200 pasaportes, ni uno más. Sanz Briz lo aceptó sin rechistar y dio órdenes en la embajada para preparar los salvoconductos, pero no 200 sino muchos más, tantos como fuese posible. El truco residía en que ninguno de los pasaportes tenía un número mayor al 200, pero tampoco estaban repetidos. Fue creando series que iban del 1 al 200, así, por ejemplo del pasaporte número 50 había varios: de la serie A-1, de la A-2, de la A-3...

El engaño era perfecto pero insuficiente. Para salvar a 1.000 necesitaba cinco series, para 2.000 diez, y así sucesivamente. Podía irse todo al traste si un agente de las SS paraba por la calle, en el mismo día, a dos portadores del mismo número pero de diferente serie. Para reducir las comprometedoras series reinterpretó el cupo concedido por los nazis aplicándoselo no a individuos sino a familias. Así, el pasaporte 50 de la serie A-1 podía pertenecer a cinco o seis personas. Esto, sin embargo, creaba otro problema, el de la cantidad. Los nazis se escamarían si veían demasiados judíos "españoles" por la calle.

Alquiló entonces varias casas en Budapest para cobijarles. Sólo podían salir un rato por las mañanas, la embajada se encargaría del resto: de la comida, de la atención médica y de mantener a los nazis y cruzflechados lejos de la puerta. Para evitar disgustos mandó colocar en cada uno de los edificios una llamativa placa en húngaro y alemán que decía "Anejo a la Legación de España. Edificio extraterritorial". Por si las moscas. Funcionó de maravilla, nunca fueron forzadas. Los judíos permanecían en las casas hasta que Sanz Briz conseguía un transporte para Suiza, para España o para cualquier parte donde no les matasen. Ya es curioso que, en un tiempo en que España padecía los peores años de la dictadura, un puñado de casas españolas en la lejana Budapest se transformaron en el templo de la libertad, en un refugio de vida.

Los certificados de la vida que expedía Sanz Briz sólo podían entregarse a sefardíes. Para el ángel español todos lo eran: "Certifico que Mor Mannheim, nacido en 1907, residente en Budapest, calle de Katona Josef, 41, ha solicitado, a través de sus parientes en España, la adquisición de la nacionalidad española", rezaba uno de los salvoconductos. Evidentemente, ni Mannheim ni el resto tenían más parientes en España que un joven aragonés que les estaba salvando la vida.

A finales de 1944 el Ejército Rojo estaba a las puertas de Budapest. La Unión Soviética no reconocía al régimen de Franco por lo que Asuntos Exteriores ordenó evacuar la embajada. Pero si él se iba, ¿quién se encargaría de sus judíos? Perlasca se ofreció voluntario, a fin de cuentas era también italiano, y para entonces Italia amigaba con los aliados. Como Perlasca carecía de título se lo inventó. Conchabado con Sanz Briz falsificó el nombramiento de embajador de España en Hungría y se presentó ante el Gobierno húngaro como el nuevo hombre de Franco en Budapest. Era todo mentira, pero a esas alturas carecía de importancia. Los judíos de Sanz Briz quedaron bajo su tutela hasta que el 16 de enero de 1945 los rusos irrumpieron en la capital poniendo fin al dominio nazi. Entonces Perlasca desapareció como si se lo hubiese tragado la tierra. Misión cumplida.

En las casas de Sanz Briz esquivaron a la muerte unas 5.200 personas. Hombres, mujeres y niños que no dudaron en bautizarle, jugando con su nombre de pila, como el "Ángel de Budapest". A muchos los sacó de los trenes de deportación, a otros de las comisarías en noches en las que salía de casa cargado de pasaportes falsos, siempre del 1 al 200 y con la coartada aprendida de memoria. Para los nazis eran apestosos sefarditas, para Sanz Briz simples seres humanos cuyo derecho a la vida era sagrado.

De vuelta a España el diplomático no recibió ni felicitaciones ni censuras. Él no esperaba ninguna de las dos cosas. Cumplió con su deber de cristiano y prosiguió con su carrera diplomática. Fue destinado a los Estados Unidos y, durante 35 años estuvo representando a nuestro país por medio mundo. Murió en 1980 como embajador de España en el Vaticano.

Ha pasado a la historia como el Schindler español, aunque, en justicia, a Oskar Schindler debiera llamársele el Sanz Briz alemán. En 1991 el Gobierno de Israel reconoció su labor otorgándole la dignidad de "Justo entre las naciones" e inscribiendo su nombre en el muro del Jardín de los Justos de Jerusalén. Años después, el Gobierno húngaro honró su memoria descubriendo una placa frente al parque de San Esteban, en Budapest, en la fachada de una de las casas que alquiló como cobijo para sus judíos.

No fue el único. Hubo más diplomáticos españoles que se la jugaron por una causa tan justa como quimérica en aquellos tiempos de barbarie. En Berlín, en la boca del lobo, José Ruiz Santaella arriesgó su vida para ayudar a los judíos alemanes perseguidos. En Sofía, Juan Palencia desafío a las autoridades nazis, salvó a 600 judíos búlgaros hasta que fue declarado persona non grata y expulsado del país. En París, Bernardo Rolland de Miota consiguió arrancar 2.000 judíos al Gobierno de Vichy y trasladarlos al Marruecos español. En Atenas, Sebastián Romero Radigales sacó 500 judíos del país enfrentándose con el todopoderoso embajador alemán. En Bucarest, José de Rojas se tomó tan en serio la protección de los sefardíes que mandó poner en las puertas de sus casas un cartel con una leyenda que no dejaba lugar a equívocos: "Aquí vive un español".

Se cuentan por miles los judíos que salvaron unos pocos diplomáticos españoles. Hombres de una pieza, héroes anónimos cuya determinación y perseverancia marcó la línea entre la vida y la muerte de tantos inocentes. Quizá parezcan pocos frente al concienzudo exterminio de seis millones de personas, pero cada vida cuenta y, como dice el Talmud: "Quien salva la vida de un hombre, salva al mundo entero". Va por ellos.

www.diazvillanueva.com

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA: Magda Goebbels, el nazismo en femenino – Bandung o la conferencia de los charlatanes

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA Magda Goebbels, el nazismo en femenino

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA Magda Goebbels, el nazismo en femenino
Por Fernando Díaz Villanueva
http://agosto.libertaddigital.com/articulo.php/1276232164

De todas las mujeres que rodearon a Hitler, la más sorprendente y cautivadora, la más fanática y entregada a la causa fue la esposa de su ministro de Propaganda, de Joseph Goebbels.

Vivió aceleradamente. Superó en todo a su segundo marido: en belleza, en talento y hasta en lealtad al Führer. Se casó dos veces, aunque su único amor verdadero y platónico fue Adolf Hitler, por quien terminó suicidándose en el jardín del búnker. Dio a luz a su primer hijo con sólo 20 años, y envenenó a los seis restantes con 44. Era malvada y superficial, de carácter inquebrantable y afilado instinto. El Tercer Reich no hubiera sido el mismo sin ella.

A finales de 1901 una joven criada berlinesa llamada Auguste Behrend alumbraba a una niña fruto de una relación con un hombre desconocido. Le dieron bautizo católico, el apellido de la madre y una hermosa ristra de tres nombres: Johanna Maria Magdalena. Al poco, su madre se casó con un rico industrial, Oskar Rietschel, que tomó especial cariño a la recién nacida. La convivencia entre Auguste y Oskar se estropeó en apenas tres años y se divorciaron. Auguste, que era joven y bien parecida, encontró a otro hombre, un restaurador judío de nombre Maximilian Friedländer.

Adoptada por Friedländer, fue reclamada por su "otro" padre, Rietschel, que se había trasladado con sus negocios a Bruselas. Fue internada en un convento de ursulinas, y sólo el estallido de la Primera Guerra Mundial truncó la pía pero tremendamente aburrida formación que Oskar Rietschel había reservado para su hija. De vuelta en Berlín, ingresó en el instituto, primero, y en el prestigioso internado Goslar, después. Su relación con Rietschel era inmejorable por aquel entonces, tanto que abandonó el apellido de su padre adoptivo para tomar el de su padre primero.

La joven Magda Rietschel era un dechado de buenas virtudes. Guapa, estilosa y cosmopolita. Hablaba francés con fluidez, su educación era esmerada y sentía una gran seguridad en sí misma. Tanta bondad no podía pasar desapercibida ante un hombre como Günther Quandt, uno de los más ricos de Alemania, con quien coincidió en el compartimento de un tren a mediados de 1920. Seis meses después ya se había casado con él.

Para Quandt, cercano a la madurez, su matrimonio con la joven y refinada Magda era un símbolo externo de distinción, la corona de laurel con que muchos triunfadores se adornan llegados a cierta edad. Magda, sin embargo, no deseaba ser un florero al servicio de su acaudalado marido. Once meses después de la boda vino al mundo su primer y único hijo, Harald Quandt, y ahí se acabó la gasolina del matrimonio.

La vida social de los Quandt no era muy excitante. Günther trabajaba mucho, y sólo tenía a su esposa para exhibirla de tanto en tanto y para que le acompañase a sus viajes de negocios. Más que un marido, Quandt era un padre –el tercero– para la pizpireta joven. A falta de motivaciones mejores, Magda se dedicó a cultivar la alta sociedad berlinesa y a hacerse un nombre entre las damas que pintaban algo en los círculos burgueses del Berlín de entreguerras. El aburrimiento, sin embargo, es mal compañero para casi todo, y heraldo de malos augurios cuando se cuela entre dos cónyuges.

En 1928 Magda, que languidecía junto a un cincuentón en un barrio alto de Berlín, conoció a alguien de su edad, vigoroso, idealista y consagrado a la acción. Se trataba de Jaím Arlosoroff, judío de origen ruso, nieto de un rabino y militante convencido del sionismo. Comenzó entonces una atormentada relación amorosa entre ambos que dio la puntilla al matrimonio de Magda. Quandt la puso de patitas en la calle, aunque, para evitar un escándalo que poco podía favorecer a la familia, dejó que se llevase al niño y asignó a ambos una generosa pensión.

No mucho después del divorcio, durante la campaña electoral de 1930, Magda se dejó caer por un mitin del Partido Nacional Socialista en el Palacio de los Deportes de Berlín. Desde ese momento su vida daría un giro radical. El orador principal era un tal Joseph Goebbels, un dramaturgo fracasado de aspecto enjuto, pequeño, de cabello oscuro y ojos castaños que arrastraba decidido su pierna izquierda, embutida en una prótesis de metal, a causa de una enfermedad infantil. Era la antítesis ambulante de lo que predicaba su propia propaganda.

Magda quedó sobrecogida por la parafernalia del acto, mística y brutal, de violencia contenida y emotividad a flor de piel. Al poco corrió a afiliarse en el partido, y, gracias a su buena formación y a las artes que había desarrollado en los mejores salones de Berlín, supo ascender hasta las oficinas del cuartel general. Una vez allí se puso al servicio del hombre del discurso, de Joseph Goebbels, tan deforme como libidinoso. "Una hermosa mujer llamada Quandt está haciéndome un nuevo archivo privado", escribía en su diario aquel otoño de 1930. Goebbels, que no era aun ministro sino un simple gauleiter (jefe del partido) en Berlín, daba una extraordinaria importancia a la información. Mantenía un archivo detallado de todo lo que sobre él y sobre el partido nazi se decía en el extranjero. Magda, que hablaba idiomas, pronto se hizo imprescindible… en todo.

El cortejo fue corto pero intenso. Con la precisión de un tesorero, Goebbels tomaba nota de todos sus encuentros amorosos, y de las ideas que le iban pasando por la cabeza. Magda, astuta y conocedora del frágil material con que habría de trabajar, dejó que el gerifalte nazi se obsesionase, hasta asegurarse de que sólo pensaba en ella. Le consumió por agotamiento. "Voy a dejar las historias de mujeres y dedicarme por entero a una", apuntaba en el diario meses después de haber conocido a Magda.

La ambiciosa berlinesa estaba consiguiendo su objetivo. Mantuvo durante un tiempo la relación con Jaím Arlosoroff y se preocupaba de que Goebbels lo intuyese, sospechase que, tras ella, se escondía un agitado pasado sentimental. Esto espoleaba los celos del jerarca, acostumbrado, por otra parte, a despachar sus urgencias íntimas con jovencitas, actrices y militantes del partido, sobre las que ejercía una suerte de poder incontestable, feudal, como casi todo en la Alemania nazi.

En diciembre de 1931, menos de un año y medio después del mitin en el Palacio de los Deportes, Magda accedió a las súplicas de su amante nazi y se casó con él. La boda se celebró, curiosamente, en una propiedad que la familia Quandt poseía en Severin. Pero a quien la intrigante divorciada perseguía no era a Goebbels, sino a Hitler, por quien sentía una admiración rayana en el delirio.

La relación privada entre Magda y Hitler es un misterio; hasta hay quien asegura que llegaron a ser amantes formales. "También amo a mi esposo, pero mi amor por Hitler es más fuerte, por él estaría dispuesta a dejar este mundo", confesó a Leni Riefenstahl en cierta ocasión. Aparte de esta confidencia a la genial cineasta del Reich, no hay datos que sustenten el amorío; y, puestos a inventar, tal fue la influencia y el poder que llegó a alcanzar aquel hombre, que cualquier dama del Tercer Reich podría haber sido su amante.

Los meses previos a la toma del poder, Hitler pasó largas temporadas en Berlín. Sus anfitriones eran, cómo no, los Goebbels, que abrían de par en par las puertas de su casa, en el privilegiado barrio de Reichskanzlerplatz. La otrora dama de la sociedad burguesa y decadente se había convertido en el ama de casa nacionalsocialista ejemplar. Preparaba diariamente el almuerzo para Hitler, y se lo hacía llevar en una tartera al hotel donde residió durante aquel año el aspirante a canciller. Por las noches, la cúpula del partido se reunía en la mansión de Goebbels. La galería de monstruos que haría tristemente célebre al Tercer Reich pasó por aquella casa: el obeso Goering, el homosexual Röhm y el despiadado Himmler, que aún se conformaba con la jefatura de las insignificantes SS, desfilaron por el salón de Magda, y disfrutaron de sus guisos y atenciones.

Magda cocinó para todos, a todos les dio conversación. Las veladas en Reichskanzlerplatz se alargaban hasta primeras horas de la mañana. Los futuros dueños de Alemania hacían y deshacían planes anticipando el final de la marchita República de Weimar.

Sus pronósticos se hicieron realidad mucho antes de lo previsto. El último día de enero de 1933 Hitler recibió el encargo de formar gobierno. Era la inauguración formal de la Alemania nazi, el régimen más tenebroso y genocida de cuantos ha parido la mente humana. Con permiso del soviético, claro.

El matrimonio Goebbels estaba en primera línea para paladear las mieles del triunfo. Él era nazi desde los tiempos heroicos; ella, desde hacía sólo tres años. Ambos eran los esclavos preferidos del Führer. Joseph soñaba con el ministerio de Educación y Cultura, para recrear en la práctica sus desvaríos propagandísticos. Hitler no se lo concedió; le dio algo mejor: un caramelo creado ad hoc para él: el Ministerio de Información y Propaganda.

Ya como ministros del Reich se a mudaron a un hogar a la altura de su gloria personal, al palacio del Príncipe Leopoldo. Para el verano, las autoridades de Lanke, en el lago de Bogen, le regalaron otro palacete de estilo prusiano. Magda ordenó adecentar el lugar hasta convertirlo en un complejo de cinco edificios, uno de los cuales tenía 21 habitaciones dotadas de avances tales como aire acondicionado o persianas accionadas por un motor eléctrico, algo inaudito para su época. El ministro se hizo construir un castillo privado, en el que ni su esposa podía entrar. Lo utilizaba como despacho, tapizado por completo en rojo, y para recibir a sus amantes ocasionales. Las extravagancias de Goebbels no fueron una excepción. Ni el Kaiser ni ningún rey de Prusia se habían rodeado de tanto lujo y derroche como lo hicieron los cabecillas nazis.

Hitler, consagrado por entero a la labor de transformar Alemania en un invencible imperio que durase mil años, no contrajo matrimonio hasta poco antes de su muerte. Magda rivalizó con la novia del Führer para erigirse como la primera dama del régimen. Lo consiguió, y por sus propios méritos. Era ubicua en las fiestas y celebraciones que jalonaban el calendario del partido y, a la vez, inició una incesante actividad paridora. Entre 1932 y 1940 tuvo seis hijos, casi a uno por año. Helga, Hildegaard, Helmut, Holde, Hedwig y Heide, todos sus nombres empezaban por hache, de Hitler. El Führer se lo supo recompensar otorgándole la Cruz Honorífica de la Madre Alemana.

El estallido de la guerra no menguó su ánimo. Atrás quedaban los fastos de tiempos pasados, en los que ejercía de anfitriona de multitudes. Con ocasión de la Olimpiada de Berlín recibió a más de tres mil invitados, con los que se exhibió como la cara femenina del nazismo. Rubia, distinguida, políglota y celosa madre y esposa. Toda Alemania, y buena parte del extranjero, sucumbió a sus encantos. En los años difíciles, lejos de venirse abajo, se dejaba ver con su marido entre las ruinas de los bombardeos aliados, consolando a las madres desencajadas que acababan de perder a sus hijos entre los escombros. Se cuenta que, en los meses finales de la guerra, a los invitados a su palacio les exigía los cupones de racionamiento. El hundimiento estaba cercano, la corrupta y asesina nave en la que se habían embarcado los nazis estaba a punto de naufragar.

El 22 de abril de 1945, con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, los Goebbels solicitaron permiso a Hitler para acompañarle al búnker. Éste, en reconocimiento por la inquebrantable lealtad que le había brindado, se arrancó de la solapa la insignia de oro del partido y se la entregó a Magda. Ese sería el punto culminante de su carrera, y la antesala del drama. El 28 de abril se encerró en su cuarto del búnker y escribió a su hijo Harald, que servía en la Luftwaffe:

"Nuestra espléndida idea se hunde, y con ella todo lo que de hermoso, admirable, noble y bueno he conocido en mi vida. El mundo que vendrá detrás del Führer y el nacionalsocialismo no merece la pena ser vivido, y por eso he traído a los niños".

Dos días después Hitler se descerrajó un tiro y puso punto y final a su vida, a su espantoso régimen y a la guerra mundial que él mismo había iniciado. Magda, fría como un témpano, se encerró en una habitación con sus seis hijos. Les administró un somnífero y una inyección letal. Al sueño le sucedió la muerte. La mayor tenía doce años, la menor no había cumplido los cinco.

Horas después, Goebbels se dispuso a inmolarse junto a su esposa en el jardín del búnker. Se vistió con parsimonia, ajustándose con decisión la gorra de plato color caqui, y subió hasta la superficie con varios guardias. Las órdenes eran estrictas: tras el suicidio, sus cuerpos debían ser incinerados, para que los rusos no pudiesen exhibir sus cuerpos como trofeo. El ministro se pegó un tiro, Magda ingirió una cápsula de cianuro.

Punto y final. Magda Goebbels, nacida Behrend, adoptada como Friedländer y Rietschel y divorciada como Quandt, había dejado de existir. Sus restos fueron encontrados por los soldados rusos, y enterrados en los jardines del cuartel general del KGB en Magdeburgo. Un cuarto de siglo después, fueron exhumados y reducidos por completo a cenizas, que fueron esparcidas en el río Elba. Ni en sus peores sueños hubiera podido imaginar un final semejante.

www.diazvillanueva.com

En los tiempos que corren se habla mucho de la "memoria histórica". Creo que todos conocemos el significado del término memoria pero, si se adjetiva con el término de histórica, se puede complicar dicho concepto. Yo sí que constato que se habla de me

Memoria Histórica del 11-M

Gabriel Moris Noguera

http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=8064

En los tiempos que corren se habla mucho de la "memoria histórica". Creo que todos conocemos el significado del término memoria pero, si se adjetiva con el término de histórica, se puede complicar dicho concepto. Yo sí que constato que se habla de memoria histórica en un sentido y una dirección determinada, en cambio, cuando dicha expresión no refleja lo que su usuario desea, deja de aplicarse, supongo que eso se debe a un "lapsus linguae".

Alguien podía haber acuñado la expresión de "memoria colectiva" para recordarnos algún hecho, muy importante, que todos tenemos en la mente, pero hasta ahora, se conoce que no es necesario. Personalmente puedo afirmar que mi memoria histórica no puede aludir en ningún caso a la segunda república ni a la guerra civil española y mucho menos a la batalla de las Navas de Tolosa, ¿por qué?, pues por la sencilla razón de que mi memoria no tenía ningún tipo de actividad cuando ocurrieron aquellos sucesos. Otra cosa distinta es que yo quiera recordar lo que la historia nos narra con relación a los hechos aludidos, en cuyo caso quizás fuera preferible hablar de juicio histórico. Esto incluiría otro concepto, el de las fuentes que ayudaron a escribir la historia.

Últimamente se habla también de que la historia siempre la escriben los vencedores, de ahí el riesgo de verla de manera unilateral. Pues bien, para no apartarnos de la corriente imperante en los historiadores de nuevo cuño, yo reivindico la memoria histórica del 11-M. Creo que estoy en mi derecho pues en dicha fecha le arrebataron la vida a mi hijo junto a ciento noventa y una personas más.

Desde esa fecha la memoria histórica de muchos españoles no deja de recordarnos los horribles atentados, las enormes pérdidas humanas y materiales y las secuelas que aquel atentado dejó en tantos ciudadanos inocentes. Esto, que yo sepa, no es objeto de nuestra memoria histórica y si no me engaño, tampoco hay deseos de que pase a formar parte de nuestra memoria colectiva. Algún diputado salido del 14-M dijo aquella frase de que "no podemos gobernar con los muertos" o algo similar. Dicho diputado y los que hicieron silencio al escucharlo, habían olvidado por completo que nosotros, las víctimas, "no podemos vivir desde aquel día con la normalidad deseada".

Precisamente el día catorce, los ciudadanos, con el trauma de la masacre, tuvimos que ir a depositar nuestro voto para que ellos "gobernaran sin nuestros seres queridos". Pero, ¿qué sentido tuvo dicho voto? Creo que en un alto porcentaje, el pueblo español quiso "saber la verdad", ¿lo hemos olvidado? ¿Donde está nuestra memoria histórica y colectiva?

Aquel parlamento salido del 14-M, decidió, voluntariamente, crear una Comisión de Investigación parlamentaria, al parecer, para depurar las responsabilidades políticas de la masacre: ¿dónde podemos ver las responsabilidades depuradas? ¿Donde está la lista de responsables de lo ocurrido? ¿Que medidas se han adoptado contra los mismos? ¿Donde está la Comisión Independiente o la Comisión de la Verdad? ¿Y el Alto Comisionado? Dichos diputados electos, así como los catalanes, por el hecho de serlo, sí sabemos que fueron amnistiados por ETA. Eso no forma parte de la memoria histórica. Si no me equivoco, se desecharon comparecencias, se mintió ante la Comisión, se aludía a que la comisión no podía interferir el proceso judicial etc. Pero, hoy que el proceso judicial está cómo y donde está, ¿no hemos cambiado de opinión?

Ni entonces, ni ahora, puede haber interferencias, ¿no queremos todos lo mismo? Verdad, justicia y prevención. En lugar de interferencias debía haber sinergias, ¿no servimos todos a la misma memoria histórica y a los mismos ciudadanos? Yo he incorporado a mi listín de fechas la del 30-06-2005 como la fecha de la FARSA. Aquel día, en el Congreso, sede de la soberanía del pueblo, se cerró, sin razón, la Comisión Parlamentaria de Investigación del 11-M. Yo fui testigo mudo de lo que decidieron aquellos a quienes los votantes habíamos otorgado nuestra representación, precisamente para hacer lo que no hicieron.

¿Cómo podemos reaccionar los votantes indefensos ante un fraude de este tamaño? Si realmente TODOS queríamos y queremos saber la verdad de lo ocurrido el 11-M, en mi modesta opinión, no hay mas camino que reabrir una Comisión de Investigación independiente, ya que la vía judicial será insuficiente para desvelar toda la trama. Nuestra convivencia como pueblo y nuestra ética colectiva no pueden permitir que el mayor atentado político de nuestra historia se salde con lo que sabemos hasta ahora de dicho atentado: NADA.

CON USTEDES, LOS UNGIDOS Marx, Engels y otros racistas formidables

CON USTEDES, LOS UNGIDOS Marx, Engels y otros racistas formidables
Por Walter Williams
http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276231999

Karl Marx es el héroe de algunos líderes de sindicatos y organizaciones de derechos civiles, incluidos aquellos que organizaron las recientes protestas en EEUU contra el proyecto de ley sobre inmigración. Es
fácil ser marxista si no se han leído sus escritos.

La mayoría de la gente reconoce que las predicciones de Marx sobre el capitalismo resultaron un fiasco. Lo que la mayoría no sabe es que Marx era un racista y un antisemita de tomo y lomo.

Marx escribió, acerca de la anexión de California por parte de EEUU luego de la guerra que enfrentó a este país con México: "Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia". Y a continuación se preguntaba: "¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?". Por su parte, el coautor del Manifiesto comunista, Friedrich Engels, añadía: "Hemos sido testigos de la conquista de México, y nos hemos alegrado. Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos". Puede uno encontrarse con gran parte de las ideas de Marx en un libro escrito por el ex comunista Nathaniel Weyl y titulado Karl Marx, Racist (1979).

En una carta que dirigió en de julio de 1862 a Engels, Marx se refería a su rival político Ferdinand Lassalle, asimismo socialista, en los siguientes términos: "Para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada".

Engels compartía gran parte de la filosofía racial de Marx. En 1887 el yerno de Marx, Paul Lafargue, se postuló para concejal en un distrito parisino que contaba con un zoo. Engels sostenía que Paul tenía "un octavo o un doceavo de sangre de negrazo". En una carta fechada en abril de 1887 y dirigida a la esposa de Paul, Engels escribía: "Al estar, en su calidad de negro, un paso más cerca del reino animal que el resto de nosotros, sin duda es el representante más adecuado para ese distrito".

Aunque mucho menos reivindicado que Marx, Thomas Carlyle es otra figura histórica inapreciable. Carlyle es conocido por aplicar a la economía el apelativo descalificatorio de "ciencia funesta" (dismal science), una inversión del término "gaya ciencia", o "gay saber", con que en aquel entonces (1849) se aludía al conocimiento que servía para introducir mejoras en la vida.

La mayoría de la gente ha aprendido, incorrectamente, que el término "ciencia funesta" hacía referencia a las agoreras predicciones de Thomas Malthus de que la población mundial crecería más rápidamente que el suministro de alimentos, lo que condenaría la Humanidad a la pobreza y la hambruna perpetuas. Mi colega de la Universidad George Mason, el profesor Davy Levy, y Sandra Peart cuentan la verdadera historia en su libro The Secret History of the Dismal Science: Economics, Religion and Race in the 19th Century, de 2001.

Carlyle empleó por primera vez el término "ciencia funesta" en un panfleto que publicó en 1849 y que llevaba por título An Occasional Discourse of the Nigger Question. Allí atacaba las ideas de Adam Smith, John Stuart Mill y otros economistas del libre mercado y el Gobierno limitado por su creencia en la igualdad fundamental del hombre y por su oposición a la esclavitud. Que la economía asuma que todo el mundo es igual y que todos merecen igualmente la libertad resultaba ofensivo para Carlyle, y le llevó a calificar a la economía de "ciencia funesta".

Carlyle sostenía que los negros eran subhumanos, "ganado bípedo" que necesitaba la tutela de los blancos, poseedores de la "fusta benéfica", si iba a contribuir al bien de la sociedad. Carlyle no era, en modo alguno, el único en denunciar la economía por sus posturas contrarias a la esclavitud y en favor de la igualdad.

Una figura no menos histórica, y muy socorrida en Navidad, Charles Dickens, compartía las posiciones de Carlyle en lo relacionado con la esclavitud y con los negros.

Marx, Engels, Carlyle y Dickens, todos ellos compartían una creencia inmemorial que ha prevalecido hasta nuestros días: algunas personas están dotadas de una sabiduría y una inteligencia sobresalientes y tienen por cometido imponerlas a las masas por la fuerza.

ESCRITOR DE "EL COLAPSO DE LA REPÚBLICA" Stanley Payne analizará el papel del ejército ruso en la Guerra Civil en los Cursos de Verano de Aranjuez

ESCRITOR DE "EL COLAPSO DE LA REPÚBLICA" Stanley Payne analizará el papel del ejército ruso en la Guerra Civil en los Cursos de Verano de Aranjuez

http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276282610.html

El escritor de "El colapso de la República", Stanley G. Payne, expondrá el próximo lunes, en la inauguración de los Cursos de Verano de Aranjuez, su visión sobre la Guerra Civil Española. Analizará el papel del ejército ruso en este conflicto bélico que supuso el fracaso de la única democracia nueva de Europa en aquella época.

L D (Europa Press) El hispanista e historiador inaugurará el curso "La Guerra Civil: Conflicto revolucionario y acontecimiento internacional", mediante una conferencia titulada "La Unión Soviética y la Guerra Civil". El curso, que se celebrará entre los días 3 y 7 de julio, pretende formar una perspectiva más completa y mejor informada sobre uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia.

"El colapso de la República", con seis ediciones desde su publicación en mayo de 2005, se ha convertido en uno de los éxitos editoriales del año pasado. Payne consideraba que era necesario averiguar las claves que provocaron el conflicto bélico en el colapso de la Segunda República y en la implosión de la política democrática en España entre los años 1933 y 1936.

El libro ahonda sobre todo en el estudio de los seis meses previos a la guerra y analiza aspectos como la labor de los diversos sectores del movimiento socialista y la rivalidad entre ellos, el debate interno en el seno del Gobierno, las actividades y las discusiones entre los republicanos de izquierda, la política del Gobierno en materia de seguridad y el papel desempeñado por la policía, el empleo de delegados revolucionarios, el frecuente desorden en los campos del sur, las agresiones a la Iglesia o el cierre de las escuelas católicas.

Asimismo el texto habla de los numerosos problemas estructurales, los más de dos millones de campesinos sin tierra, los ínfimos salarios de los obreros, la baja productividad de las fábricas, y de los problemas coyunturales, los nuevos cambios socioeconómicos mundiales, la alta demografía nacional que provocó que en los años treinta hubiera numerosos varones jóvenes en busca de trabajo.

Los Cursos de Verano de Aranjuez de la Fundación Universidad Rey Juan Carlos también contarán con la participación de expertos como Lucas Molina Franco, Jesús Salas Larrazábal, Pío Moa, Luis E. Togores o Miguel Alonso Baquer, todos ellos autores de libros sobre la Guerra Civil publicados en La Esfera de los Libros.

El museo de la Almoina mostrará el esqueleto de un romano torturado en una guerra civil

El museo de la Almoina mostrará el esqueleto de un romano torturado en una guerra civil

http://actualidad.terra.es/provincias/valencia/articulo/almoina_museo_mostrara_esqueleto_romano_960205.htm

Una matanza. Algo tan terrible es lo que mostrará el Museo de la Almoina cuando abra al público en marzo de 2007. En una de las salas se expondrá el esqueleto de un romano torturado y con las piernas mutiladas, en unos hechos acaecidos en el siglo I a. C. y en la cruel guerra civil que enfrentó a Pompeyo y Sertorio.

Valencia se alió con Sertorio y esa fue su perdición. Hace un par de años, una de las campañas arqueológicas realizadas por el Ayuntamiento sacó a la luz al menos a quince esqueletos de romanos ejecutados tras la entrada de las tropas de Pompeyo en la ciudad del Turia.

Con los brazos en cruz y boca arriba, la principal tesis es que la persona cuyos restos se mostrarán a partir del próximo año fue víctima de una tremenda tortura, debido a que le cortaron las dos piernas por debajo de la rodilla, con lo que seguramente murió desangrado. A su alrededor, salieron un par de lanzas, una espada, un escudo y restos de un casco, indicios de las escaramuzas previas al incendio de numerosos edificios públicos.

El esqueleto se conserva en un almacén del Ayuntamiento en el polígono Vara de Quart y es una de las piezas que se mostrarán al público. 'También encontramos otros que habían sido empalados y algunos con las manos cortadas', dice el coordinador del proyecto, el arqueólogo Albert Ribera.

La intención es situar los restos óseos en la misma zona donde fue hallado, encima del foro de la ciudad republicana. No obstante, estos detalles forman parte del plan museístico que ahora trabajan los técnicos municipales, en coordinación con la empresa que ganó el concurso. El elemento principal trata de los itinerarios que seguirá el público alrededor y por encima de los edificios que se han conservado.

Algunos de estos restos se pueden observar desde la propia plaza, inaugurada el miércoles por la alcaldesa Rita Barberá. Una lámina de cristal permite observar los cimientos y pavimento de parte de la Almoina, aunque faltan al menos nueve meses para que se pueda visitar el museo.

En los últimos veinte años, las sucesivas excavaciones han encontrados miles de piezas de indudable valor histórico. Aún así, la decisión de los técnicos es que sólo se expongan aquellas que enseñen mejor al visitante los edificios de la ciudad fundacional romana y las otras dos urbes construidas encima, en la época visigoda y en la musulmana.

Ribera cita como ejemplo que junto al horreum, una especie de almacén, se colocarán ánforas. En las tumbas visigodas encontradas alrededor de la antigua catedral, el público verá restos de ajuares, y tampoco faltarán los elementos necesarios para los ritos de la fundación de la ciudad, también encontrados en una campaña.

La iluminación, los criterios de conservación y hasta las publicaciones también son objeto del proyecto en el que trabaja una empresa especializada. Ribera cita que la Almoina tendrá una web, donde se detallará toda esta oferta.

Durante la última fase de las excavaciones, el Ayuntamiento ha instalado una exposición provisional, con entrada desde la calle de la Harina. Entonces se llegó a diez mil visitantes en un mes, una cifra que se espera superar con amplitud a partir del próximo año.

El estudio también incluirá un apartado sobre la gestión del futuro museo, bien de manera directa por la concejalía de Cultura o a través de una empresa. En la cercana capilla cárcel de San Vicente Mártir, el gobierno municipal adjudicó un servicio de azafatas e informadores para atender al público. El acceso del museo estará en la calle de la Harina, aunque también se ha colocado un ascensor para minusválidos en la plaza Cors de la Mare de Deu, junto a la Basílica.

Terra Actualidad - Vocento/VMT